En tiempos en los que la polarización política parece acentuar distancias entre las instituciones e incluso entre las personas, se hace más urgente recordar que la democracia no es únicamente un sistema de gobierno: es, ante todo, una forma de convivir, una práctica cotidiana que se construye, se aprende y se ejercita en todos los espacios donde las personas se encuentran para crear algo en común.
Desde la educación superior, tenemos una responsabilidad ineludible en esta tarea. Las universidades somos, por esencia, escenarios de encuentro deliberativo, donde confluyen miradas diversas, disciplinas distintas y experiencias de vida que enriquecen la conversación para la toma de decisiones informadas y la construcción de soluciones. Somos unidad en la diversidad.
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En ese sentido, las universidades actuamos como un laboratorio donde se ensayan y perfeccionan las competencias que luego serán indispensables en la vida profesional, social y política. La práctica de escuchar de verdad, de construir argumentos sólidos, de respetar el disenso y de entender que las decisiones colectivas siempre exigen renuncias. La práctica de participar, no desde la indiferencia ni desde la queja, sino desde la convicción de que cada persona tiene algo valioso que aportar.
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En la Universidad EIA seguiremos comprometidos con formar ese tipo de ciudadanos: críticos, propositivos, éticos y profundamente humanos. Y seguiremos abriendo caminos para que nuestros estudiantes participen, representen, propongan y lideren; porque solo así, ejerciendo la democracia en la vida cotidiana, podremos aspirar a fortalecerla en el país que todos soñamos.





