Antes de responder a esta pregunta, detengámonos en su definición: el pensamiento crítico es la habilidad de analizar, evaluar y sintetizar información de manera objetiva para llegar a una conclusión o un juicio razonable. En otras palabras es la capacidad de dudar, cuestionar y buscar la verdad, incluso cuando esa verdad confronta nuestras creencias. El pensamiento crítico nos permite tener autonomía de nuestra mente.
Anhelamos descubrir la verdad, sin embargo, existen algunos fenómenos psicológicos que nos impiden llegar a ella. Y no es cuestión de intención, muchas veces emergen de forma automática y simplemente no nos damos cuenta.
Mencionaré tres fenómenos ó son atajos mentales. Y no es que sean buenos o malos, han sido funcionales porque nos han permitido la supervivencia como especie: imagina a un cazador recolector teniendo que analizar lenta y cuidadosamente si un león lo querrá atacar en un momento de encuentro. Simplemente ya hubiéramos desaparecido si no tuviéramos reacciones automáticas.Sin embargo, no siempre estamos en inminente peligro y el pensamiento lento y cuidadoso en muchos casos sí puede ser conveniente.
El primer atajo es el sesgo de confirmación como bien lo describió Raymond Nickerson. Es nuestra tendencia a buscar, interpretar y recordar información que confirma nuestras creencias preexistentes. No actuamos como un juez imparcial que evalúa todas las pruebas, sino como un abogado defensor que busca solo la evidencia para ganar el caso de su cliente, que en este caso, es nuestra propia opinión.
El segundo atajo es el pensamiento motivado. Ziva Kunda nos enseñó que el pensamiento motivado es cuando, inconscientemente, nuestro cerebro se vuelve un maestro de la justificación. Si una conclusión nos conviene emocional o psicológicamente, nos volvemos creativos para encontrar razones que la sostengan. Este fenómeno está estrechamente ligado al sesgo de confirmación, pero añade un componente emocional. El pensamiento crítico, que requiere un distanciamiento emocional, se ahoga en nuestra necesidad de sentirnos bien, de tener la razón y de proteger nuestra identidad.
Y por último la heurística de disponibilidad.Daniel Kahneman y Amos Tversky nos mostraron un atajo mental fascinante y peligroso: la heurística de disponibilidad. Juzgamos la probabilidad o la frecuencia de un evento basándonos en la facilidad con la que podemos recordar ejemplos similares. Nuestro cerebro confunde la facilidad de un recuerdo con su verdadera prevalencia.
Esto explica por qué, después de ver un accidente de avión en las noticias, podríamos temer más a volar que a conducir un carro, a pesar de que las estadísticas muestran que esto último es mucho más peligroso. Los medios de comunicación, con sus noticias impactantes y virales, explotan esta heurística. Nos inundan con ejemplos vívidos que, al ser tan fáciles de recordar, nos hacen sobreestimar su probabilidad.
Aunque estos atajos son útiles en ciertas circunstancias, como por ejemplo, la persistencia en proyectos en el caso del sesgo de confirmación, o el manejo del estrés con el pensamiento motivado y la facilidad de conectar ideas cuando nos referimos a la heurística de disponibilidad, en ciertos casos pueden jugarnos en contra. A la hora de conversar con otras personas que tienen diferentes puntos de vista, pueden ser desfavorables, haciéndonos obstinados y robándonos la capacidad de aprender algo nuevo. Aqui es cuando es conveniente detenernos a reflexionar, activar nuestro sistema racional, escuchar con apertura, dudar de nuestras propias ideas y creencias y ser capaces de hacernos preguntas como:
- ¿Los argumentos que contradicen mis creencias están bien respaldados y provienen de una fuente que conoce del tema?
- ¿Estoy realmente escuchando al otro o sólo estoy defendiendo mis ideas?
- ¿Mi postura tanto física como verbal fomenta un debate constructivo?
- ¿Estoy dispuesto o dispuesta a aprender y ver otros puntos de vista?
- ¿Estoy juzgando por lo que es fácil de recordar o por lo que es realmente probable?
El pensamiento crítico no es una habilidad innata, sino una capacidad que podemos ejercitar conscientemente. Requiere el reconocimiento de que podríamos estar equivocados y el valiente esfuerzo de buscar activamente argumentos que desafíen nuestras creencias.





