Todo indica que 2026 será un año transformacional. A nivel mundial, sin duda: es muy probable que los gobiernos de Cuba e Irán se derrumben y sigan un camino similar al de Venezuela. ¿Y qué pasará en Gaza y en Ucrania? ¿Se saldrá con la suya Trump con su estrambótica oferta de “compra a mano armada” de Groenlandia?
Para Colombia, 2026 es el momento de la verdad. ¿Seguirá rodando por el abismo, o iniciará su recuperación? Recae en nosotros, los del común, la responsabilidad más grande y apremiante: reemplazar al (des)gobierno actual haciendo uso del viejo y contundente método de sacar muchísimos más votos que ellos para Congreso y, todavía más, en primera y segunda vuelta presidenciales.
Tenemos que reemplazarlo por otro que no llegue a improvisar, a hacerse el que sabe más de todo que todos, que no considere la ignorancia una virtud y un prerrequisito para un cargo, que no trate de hacer ver su caos y permanente despiste como estrategia, que no pontifique sobre honradez y transparencia mientras se regodea en todas las formas posibles de corrupción.
Y que no insulte nuestra inteligencia individual y colectiva, de día sí y de noche también. En fin, después de tanta degradación disfrazada de “mejoras” para el país, casi podríamos conformarnos con un gobierno como los de antes, cualquiera sería mejor.
Hasta ahí nuestro compromiso colectivo. Pero para la ciudad y el departamento también hay una lista de pendientes. Empecemos por la Alcaldía: En infraestructura, dejar muy adelantados los intercambios de Loma González y Vía Linares, los últimos del proyecto de Valorización de El Poblado. Y avanzar el metro de la 80, con mínimo impacto sobre la movilidad.
En movilidad, cambiar el pico y placa actual por otra medida, más efectiva y que promueva el uso de transporte público. Y decidirse, por fin, a eliminar los piques y carreras de motos por Las Palmas y la variante al aeropuerto.
Federico: es inaplazable tomar medidas más drásticas, en compañía de otros alcaldes, para controlar este flagelo extravagante y mortal.
En seguridad urbana, no bajar la guardia en el control territorial y la reducción de homicidios y microtráfico. En Finanzas, asegurar caja ante la incertidumbre presupuestal en que nos metió la última emergencia económica. En calidad del aire, regresar con los controles de emisiones de vehículos.
Andrés Julián tiene también su bandeja de pendientes repleta. Empezando por la entrada en operación de Puerto Antioquia. Que funcione bien y que las vías de acceso, desde Medellín, no colapsen. Esto incluye cumplir el compromiso de entregar el Túnel del Toyo antes de terminar 2026.
Qué bueno sería también, Gobernador, liderar el proyecto de intercambio vial en la glorieta de Indiana, en el Alto de Las Palmas. Colapsa todos los días, en especial los fines de semana. En seguridad, desafíos en todos los frentes. Empezando por la minería ilegal y el contrabando. Y en política, mantener la postura firme y razonada ante los embates continuos del presidente. Pelear cuando toca, acordar cuando conviene.
Después de 2026, el mundo y el país serán muy diferentes. Y nosotros también. ¡Que la fuerza nos acompañe!





