Por estos días en los que se desarrollan las asambleas en los conjuntos residenciales y propiedades horizontales vuelve a ponerse de manifiesto un hecho contundente: la participación de las personas en los procesos de veeduría y seguimiento a los administradores es muy escasa.
Muchas personas prefieren ‘evitar conflictos’, salir rápido de la engorrosa cita de la asamblea en la que tienen que verse cara a cara con sus vecinos y aprobar, muchas veces sin mirar, los informes de la administración sin permitir que haya lugar a disensos o solicitudes de cambios.
Tiene que estar haciendo muy mal su gestión la administración para que, en algunos casos, se genere el diálogo previo a la asamblea, se construyan así consensos y se presenten alternativas que permitan hacer una transición ordenada y sin conflictos de administraciones que, en ocasiones, se perpetúan a pesar del malestar de los copropietarios.
Pero ese proceso no siempre se logra de manera ordenada o exenta de conflictos entre vecinos. Y una de las mayores dificultades radica en la baja participación de las personas en todas las actividades tendientes a velar por el buen funcionamiento de las copropiedades.
Pues bien, ese fenómeno que se evidencia en algo tan pequeño, pero tan importante, como es la administración de los bienes y recursos de todos en un edificio o en un conjunto residencial, es sintomático de lo que nos ocurre como sociedad a la hora de elegir a las personas que deben representar nuestros intereses en el Ejecutivo o en el Legislativo.
Este 8 de marzo los colombianos están llamados a elegir los nuevos representantes a la Cámara y los nuevos senadores. Igualmente, quienes quieran participar en las consultas deberán escoger a la persona que consideran idónea para entrar en la campaña por la
Presidencia de la República.
Se trata de un proceso electoral que requiere de alta participación, pero las estadísticas muestran que falta mucho para lograrlo. De acuerdo con cifras de la Misión de Observación Electoral (MOE), entre 2001 y 2022 la participación en las elecciones al Congreso osciló entre el 43 y el 48 por ciento.
Es decir que, según la MOE, más de la mitad de las personas habilitadas para votar en 2022 se quedaron sin hacerlo.
En las elecciones presidenciales, que este año se realizarán el 31 de mayo (primera vuelta) y el 21 de junio (si hay segunda vuelta), la participación se hace más evidente. Pero no hay que olvidar que es en el Congreso donde se tramitan las normas que nos rigen como grupo social. Es allí donde se les puede poner freno a los excesos de un gobernante o donde se acompañan sus iniciativas y se perfeccionan, según sea más provechoso para la sociedad.
Por eso en la cita de este 8 de marzo la participación es clave, porque en una democracia como la nuestra, las mayorías que votan son las que deciden.





