Esa parece ser la intención de buena parte de los poderosos: vender el sofá.
(Un hombre -una mujer- llegó a la casa antes de lo previsto y encontró a su pareja jugándole ‘infidelias’ en el sofá de la sala. De inmediato decidió vender el sofá. ¿Recuerdan esta creación del imaginario colectivo?).
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Más allá del chiste… Vender el sofá para evitar la infidelidad: una lógica tonta, facilista y superficial, utilizada con mucha frecuencia, para evitar preguntarse qué está pasando y cómo llegar a la raíz de un asunto e intentar solucionarlo.
Como el problema era el sofá… Como el problema es el periodismo… ¿Habrá que venderlo para evitar la infidelidad? ¿Habrá que acallarlo para evitar la incomodidad?
(Soy periodista desde que me empinaba a llenar de pegotes las carteleras del colegio. En la universidad intenté organizar dicha pasión y en la práctica de varios años he tratado de encauzarla con enseñanzas de periodistas no-protagonistas, escritores, humanistas que admiro. Sin embargo, creo que los periodistas también tenemos que hacernos preguntas incómodas. Las necesitamos, pero ese será otro tema).
En los últimos días han sucedido cosas -me voy a referir a dos que no son las únicas- que han puesto a hablar más de la cuenta a abelardistas y antiabelardistas furibundos en las redes sociales. Ambas tienen que ver con el poder. Con el mediático y con el político.
La súbita salida del aire de un programa radial matutino, perteneciente a un grupo privado, alborotó el cotarro. Si bien sabemos que el de los medios es un negocio como cualquiera: sin corazón, amigo del poder y libre de prescindir de los servicios de quien deja de ser de utilidad, llama la atención que las periodistas estrella del mencionado espacio, desde la campaña, hubieran protagonizado encontronazos con el ahora jefe de Estado. No hay que ser muy perspicaz para intuir que por ahí puede ir la explicación, lo de la baja pauta como que no convence. Si fue una sugerencia del mandatario o de acuciosos de su equipo, o un guiño de los dueños del medio a la Casa de Nariño, está por verse. El caso es que vendieron el sofá y que perdón por las molestias. Flaco favor se presta así a la democracia, uno de cuyos mayores enemigos es el unanimismo. (Todo bien, todo bien).
Lea: Ojalá que te vaya bonitooo
Por su parte, la hoja de ruta de lo que sería la estrategia de comunicaciones del nuevo gobierno deja al periodismo convertido en estatua de sal.
Según la Directriz # 01 de Presidencia, que circula por ministerios y entidades estatales, “cualquier información difundida por personas distintas a los voceros oficialmente designados no representa la posición oficial del Gobierno”. Y hasta ahora, el único vocero oficial que se conoce, además del therian mayor, es el abogado, Miller Soto, quien hablará ante los medios -cero ministros compartiendo de sus carteras-, no admitirá preguntas -cero ruedas de prensa- y priorizará “medios amigos” -cero pluralidad-. Palos en la rueda de la labor informativa pusieron en venta el sofá.
- ETCÉTERA: ¿“Medios amigos”? ¿Los que cambian criterio por obsecuencia? Mmmjjj. Lo que sí, es que cada vez será más común ver influencers a sueldo en los puestos que hasta hoy ocupaban periodistas independientes. ¡Qué tal! (A mí es que me encantan los sofás).





