Esta historia se remonta al 16 de abril de 1983, cuando el fundador, el maestro Alberto Correa Cadavid, hoy director emérito, reunió a un grupo de músicos en Medellín con una idea que parecía sencilla, hacer música. Con los años, esa idea se transformó en algo más grande.
Hablamos de la Orquesta Filarmónica de Medellín (Filarmed), que está de aniversario y lo celebrará con un concierto, el próximo sábado 18 de abril, a las 6:00 p. m., en el Teatro Metropolitano.
En el escenario, la Orquesta Filarmónica de Medellín mostrará su versatilidad y su constante exploración de identidad, en un concierto en el que combinará música colombiana y europea. Bajo la dirección de Roger Díaz-Cajamarca, y con la participación de la violinista Allison Lovera.
El programa de la noche unirá la tradición local, con la Pequeña suite de Adolfo Mejía, que explora géneros como el bambuco y la cumbia, con el repertorio clásico de Mozart y Händel, con el Concierto para violín No. 4 – W. A. y Música del agua – J. F. La boletería está desde ya disponible desde $9.900 para afiliados Comfama en LaTiquetera.com
La Filarmed está conformada por 64 músicos profesionales. Se ha ganado un Latin Grammy (2021), y también el Classical: NEXT Innovation Award (2022) y el Premio LEAD del Kennedy Center (2024).
Su ADN, y así comenzó todo
La Filarmed no es solo una orquesta. Es una manera de habitar la ciudad y cautivar sus vidas. Esta orquesta hace de la inclusión su labor cotidiana. Por ejemplo, en Urabá, más de 1.200 niños y niñas participan en la Filarmónica Infantil y Juvenil (FilU), un proceso que une música, ritmos del territorio y danza en la vida diaria de municipios como Apartadó, Chigorodó, Carepa y Turbo.
Hay algo que ha entendido Filarmed en estos 43 años y es que la identidad se construye en cada territorio que visita, en cada alianza que construye, en cada persona que encuentra en la música un refugio.
Y, para conocer más de su origen, Alberto Correa Cadavid, su fundador, recordó:
“Fue en la calle 27 de Belén La Palma, en Medellín, donde convertí el garaje de mi casa en una sala de ensayo improvisada para 42 músicos. Allí nos reuníamos ingenieros, médicos, profesionales y estudiantes, todos unidos por la misma pasión. Apretujados, sí, pero convencidos de que ese garaje se transformaba en una sala abierta donde hasta los vecinos terminaban siendo parte del concierto…así empezó un sueño que, sin darnos cuenta, comenzó a crecer con nosotros”.





