“Triki Triki Halloween, quiero dulces para mí y si no me das, te corto la nariz”. ¡Violencia!
“Arroz con leche, me quiero casar con una señorita de la capital. Que sepa coser, que sepa bordar…”. ¡Machismo!
“Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillo, la echo al sartén; la gente que pasaba olía a carne asada, era la mujer de Don Federico”. ¡Violencia!, ¡feminicidio!
“Duérmete niño, duérmete ya, que ya viene el coco y te comerá”. ¡Miedo, amenaza!
“Me subo a la cama, tiro la maleta, rompo una botella, mi mamá me pega, yo le pego a ella”. ¡Violencia!
Si has leído hasta aquí, seguramente, lo has hecho cantando, porque son canciones que entre tanto y tanto, están grabadas en nosotros; ya que, si eres uno de los pocos afortunados que no te las enseñaron en casa, seguramente las habrás escuchado por ahí y en tu inconsciente se instalaron y habitan allí.
Lee todas las columnas de Cristina Vásquez Bedoya aquí.
Y es que mi querido lector, sabemos que no son solo esas letras las que pululan por ahí y las que nuestra mente alcanza a oír. Podría hacer una lista enorme y de todos los géneros que existen y en todos experimentar esa sensación de no poder parar de impotencia sentir y hasta asomarse una lagrima en los ojos porque sí, ya no se puede normalizar que la música, algo tan hermoso, bello y cultural, llegue a enseñar cómo maltratar, violentar y asesinar, cuando su máxime propósito debería ser nuestra vida alegrar y llenar de regocijo, amor y esperanza nuestro camino al andar.
Mientras sigamos normalizando lo que no debería ser así, no podemos exigir que las nuevas generaciones salgan a multiplicar lo que, como una canción infantil, les enseñamos a repetir.
También lea: ¡Hay que salir del closet!
Espero me disculpen mis queridos papás por tomar la vocería y decir la incómoda verdad, de cómo, sin querer, la mente de nuestros hijos hemos sabido afectar; y es necesario hacernos conscientes para comenzar a sus vidas salvar. No podré salvar el mundo, eso lo sé en realidad, pero sí el pedacito que me toca con conciencia y responsabilidad. Ayúdeme usted también a comenzar a cambiar esa cultura machista, violenta y sesgadora que solo nos sabe fragmentar y dividirnos cada día como sociedad.
Un mundo diferente podemos lograr si con pequeñas acciones a los ciudadanos del mundo comenzamos a formar, empezando por las ideas que en su mente van a habitar, evitando la violencia a como dé lugar, siendo selectivos con lo que vamos a escuchar y entendiendo que las diferencias son las que nos permiten evolucionar. Actitudes altruistas y de bondad debemos sembrar y enseñar, solo de esta manera nuestros hijos e hijas las saldrán a multiplicar.Serán más compasivos con la humanidad, pues repetirán lo aprendido en el seno del hogar.
Únase aquí a nuestro canal de WhatsApp y reciba toda la información de El Poblado y Medellín >>





