Sí, hay que salir del closet; la estufa, los muebles, los trapos, los clavos, las tablas, las varillas, el polvo, la mugre y todo aquello que nos sobra en nuestra casa; en nuestro entorno, en nuestra mente y en nuestra vida.
Y es que seguramente si no hubiese titulado este artículo con algo que genera tanto morbo como es la diversidad, la otredad y todo aquello que abre la puerta a la crítica, al juzgamiento y a lo que se sale de lo que consideramos “normal”, sé que no hubiera cautivado su interés lector con tanta facilidad. Esto sucede precisamente porque nuestra visión está enfocada en juzgar desde afuera, cuando nos cuesta reparar, cuidar, custodiar y mejorar lo que tenemos adentro de nuestra humanidad.
Sin darnos cuenta, cada acción que exteriorizamos es una muestra de lo que llevamos adentro, de lo que no somos capaz de resolver, de lo que nos acongoja; y cuando la adversidad se confabula y se ensaña en tocarnos la puerta, tenemos que prepararnos para reprenderla, y una de las maneras más básicas es generar un ambiente limpio, aseado y ordenado.
Seguramente quien no es capaz de ordenar su closet, difícilmente podrá ordenar sus ideas, sus decisiones, su vida, actividades tan simples, tan cotidianas, que verdaderamente no toman tiempo; estas resultan ser una de las principales causantes de que nuestro pensamiento se pueda ordenar, pueda tener claridad, de que desarrollemos el pensamiento creativo, ese que nos permitirá afrontar un sinnúmero de situaciones propias de la vida, de la cotidianidad y quien se podría imaginar que el que vive en el desorden y suciedad, jamás lo podrá lograr.
Vivimos en la cultura de la “excusitis”, tenemos excusas para todo y cuando de aseo y de orden se trata, siempre recurrimos a la famosa excusa: “No tengo tiempo, no tengo dinero”, pero nadie con un ambiente de desorden y desaseo le permitirá a su vida la llegada de algo nuevo, bien dice el conocido refrán:
“La vida es una fiesta y hay que vestirse para esta”.
Dinero, dinero, dinero. Hasta cuándo vamos a pensar que vivir en un ambiente saludable y ordenado es solo para los millonarios y que quienes tienen ingresos más básicos se les está negado este derecho.
¡Basta ya!
Es hora de llamar las cosas por su nombre y quien siente que es normal vivir en el desaseo y el desorden, algo en tu mente no está en orden, estas condiciones de vida están asociadas a personas que sienten que no merecen estar bien y quien siente y piensa esto, muy seguramente le falta encontrar el amor de su vida; sí, el amor de su vida, que es usted mismo, sin temor a equivocarme queridísimo lector, usted es su amor más grande e importante, porque de usted mismo emana los demás amores.
En definitiva, cuanto más me amo, más siento que merezco y procuro mi bienestar, y ese bienestar comienza desde pequeñas acciones y hábitos, que si no las tenías hasta hoy… es hoy, es el momento, esta es la motivación para que los puedas cambiar.
La suciedad y el desorden causan estrés, intolerancia, impaciencia, agotamiento, desmotivación, así como infecciones, enfermedades, alergias, entre otras cosas más, y todas esas actitudes son disparadoras de enfermedades mentales y físicas de mayor gravedad.
Y es que en lo que menos pensamos es en enfermedades emocionales como la agresividad y de esta se deriva una gran problemática actual: la violencia intrafamiliar; como se puede ver, cada vez serán circunstancias más difíciles de afrontar.
Nuestra salud mental debe estar en primer lugar y depende de nosotros tomar acciones para que estas situaciones se puedan evitar, que la tarea de hoy sea comenzar a limpiar y sacar el rebujo y todas esas cosas que ya no vas a usar, no se le olvide el trapero, la escoba y agüita para lavar y por favor una sonrisa que no le falte en su canasta familiar, debe de ser una vitamina para alimentar su hogar.
Ah. ¡Espero me sigas leyendo… el próximo articulo sé que te va a gustar!





