Y es que pareciera ser, que confundimos la palabra bienestar, con ausencia de esfuerzo, estar en plenitud, con no mover un dedo y peor aún sostener las relaciones humanas, sin esfuerzo, ni dedicación, ni reciprocidad.
Porque al parecer unos cuantos, aprovechando la era digital, se han dado a la tarea de mensajes dañinos proliferar, creando imaginarios idealistas, que nos sacan de la realidad y que terminan resquebrajando los vínculos en la humanidad.
Pues sí, mis queridos lectores, así como lo lee, es que para crear comunidad son necesarios los vínculos y para poderlos cuidar, nos tenemos que incomodar, no podemos pretender generar conexiones, amor, amistad o hermandad, sin tiempo y esfuerzo para a ellos dedicar, así como también dejar de un lado el egoísmo y la idea popular, de que por todo hay que ‘soltar’, lo que resulta realmente en una dicotomía, pues no puede ser posible pretender soltar, algo que ni siquiera se ha sabido cuidar, se ha sabido agarrar.
Es urgente decir que crear comunidad requiere incomodidad, y que, en tiempos de rapidez y culto a la individualidad, sostener vínculos es un acto de rebeldía, esperanza, humanidad y la tan ignorada hermandad, eso que nos convoca en este plano terrenal.
Y es que se sabe, que la primera huella de civilización que hubo en el mundo fue curar un hueso roto, y que el cuidado, la atención y la escucha hacia el otro, fueron el primer paso a la evolución, así como tener un hombro en el que llorar, ser el hombro en el que alguien más llora, tocar la puerta del vecino para pedirle sal, una tacita de azúcar, etc. Todos esos son actos de rebeldía en un mundo que rinde culto a la individualidad y privilegia la comodidad por encima de la incomodidad.
Incomodarte un poco por los que amas y son importantes para ti, ceder al ego y dejarte por un instante para pensar en cómo podría asistir a quien espera ser cuidado por ti. Salirte de la ecuación de sino me das, no recibes y empezar a ser tú, quien promueva y fecunde el verdadero concepto de amar y de la otredad, que fuera de la idealización, requiere incomodidad.
¿Y quien dijo que la incomodidad estaba mal?, ¿acaso en la incomodidad no se puede encontrar cercanía, compañía y de paso la tan anhelada felicidad?





