En su último informe, fechado el pasado 19 de mayo y que presenta un corte de cuentas al 30 de abril, la Misión de Observación Electoral (MOE) evidencia que para las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo este domingo, “se evidencia un deterioro preocupante del orden público, marcado por el aumento de la violencia de los grupos armados ilegales”.
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De los 1.123 municipios que tiene el país, 386 están en riesgo; y de ellos, 139 tienen una amenaza que la MOE considera extrema. Cauca, Antioquia, Norte de Santander y Valle del Cauca tienen el mayor número de municipios en esa condición. Pero en Arauca y Guaviare la totalidad de los municipios tiene algún tipo de riesgo y en Huila, Cesar y La Guajira al menos el 70 % de los municipios presenta riesgo por violencia.
A ello se suma que, desde las diferentes campañas, se han denunciado amenazas de muerte contra los candidatos, un hecho que ha llevado a extremar las medidas de seguridad en sus presentaciones en público con vidrios blindados, escoltas con escudos antibalas y miles de millones de pesos invertidos en evitar una nueva tragedia, como la que ya ocurrió en esta campaña electoral y que cobró la vida del senador y precandidato Miguel Uribe Turbay.
Los medios de comunicación internacionales recogen la información y la transmiten al mundo dibujando un oscuro panorama de violencia en torno a los comicios que este 31 de mayo se llevarán a cabo en primera vuelta.
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BBC Mundo asegura que la violencia sigue definiendo las elecciones en el país y CNN en Español plantea que “la violencia armada y las amenazas ensombrecen el panorama” de cara a las elecciones presidenciales.
“Es indispensable que le demos un espaldarazo a la democracia saliendo a votar este domingo”.
El diario El País, de España, sitúa a Colombia en una encrucijada. Y en su tercera acepción el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra como “una situación difícil en que no se sabe qué conducta seguir”. Pero no es esa la situación que la ciudadanía puede permitirse, ni este domingo, ni después de que culmine el proceso electoral.
Frente a la encrucijada a la que quieren llevarnos los grupos armados ilegales, es indispensable que le demos un espaldarazo a la democracia saliendo a votar. Una asistencia masiva a las urnas se puede constituir en una gran barrera que les diga a los delincuentes que la sociedad no está dispuesta a tolerarlos.
Derrotar la abstención es una manera de infligir una dura derrota a los grupos armados ilegales, que consideran que a través de la presión violenta sobre la ciudadanía garantizan decisiones favorables a sus intereses.
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Pero la del domingo también será la oportunidad para derrotar, mediante el ejercicio de la democracia, la violencia que se ha ido incubando en la sociedad, desde los amigos hasta la familia, debido a las contradicciones políticas propias de esta época. Reconocer las diferencias y aceptar los resultados nos permitirá construir un tejido social fuerte y cohesionado, en el que no haya cabida ni justificación para los grupos armados ilegales ni para la violencia.





