Lo que comenzó como un interés universitario por la movilidad eléctrica terminó convirtiéndose en una empresa que hoy busca transformar las entregas de última milla en Medellín generando oportunidades para repartidores, muchos de ellos migrantes sin acceso al sistema financiero.
Esa idea nacida en los salones de clase se materializó en Runni, una startup creada con el propósito de reducir las emisiones contaminantes en la ciudad y ofrecer una alternativa de trabajo.
Según Pablo Pantoja, gerente de Runni, la iniciativa surgió luego de varios proyectos relacionados con vehículos eléctricos desarrollados desde la universidad y otras compañías. Se gestó por la preocupación por la contaminación en Medellín y el impacto del transporte en la calidad del aire llevó al equipo a buscar nuevas soluciones para moverse.
“La única forma que vimos de solucionarlo era hacer transición a movilidad eléctrica. El 70 por ciento de las emisiones de una ciudad se da por la forma en que nos transportamos”, comenta Pablo.
Entre los cálculos que manejaron para crear su empresa, descubrieron que los domicilios en vehículos a combustión contaminan mucho más que cualquier persona que se desplaza a sus labores cotidianas en un carro o incluso en una moto. Un domiciliario puede recorrer hasta 180 o 200 kilómetros en un día.
La oportunidad
Inicialmente, Pablo y dos sus socios, Juan José Melguizo y Luis Miguel Rúa, crearon Hakuna, una patineta eléctrica pensada para diversificar la movilidad urbana en las entregas para una cadena de alimentos. Sin embargo, durante un piloto de entregas de última milla identificaron una oportunidad mayor: los repartidores podían hacer domicilios hasta tres veces más rápido que una moto tradicional usando bicicletas eléctricas, que se movilizan por ciclorrutas y que no requieren parqueadero.
Todo ese desarrollo desembocó en Runni, una plataforma que ofrece en alquiler bicicletas eléctricas diseñadas para repartidores y acompañadas por una red de intercambio de baterías.
El modelo permite que los usuarios trabajen sin preocuparse por gastar en gasolina, mantenimiento o compra del vehículo. Además, no necesitan licencia de conducción y pueden empezar a generar ingresos desde el primer día.
El alquiler semanal de la bicicleta vale 170.000 pesos más un depósito que se devuelve después de que no usen más el servicio de 130.000 pesos. Tanto el alquiler como los cambios de baterías se controlan mediante una aplicación desarrollada por la compañía que se usa en teléfonos Android.
Todo desde el celular
Desde su celular, los repartidores tienen a la mano la información que les indica el porcentaje de carga de la batería, que tiene una autonomía de 40 kilómetros, y cuando ven que está por expirar se dirigen a una estación de carga. mediante un código QR, que escanean en el lugar, la plataforma les libera una batería tras entregar la que estaba en uso y así pueden reanudar sus labores.
“Llevo dos meses con Runni y me parece que es perfecta para trabajar. En un día puedo hacer hasta $90.000 pesos. Antes hacía domicilios con bicicleta normal y no me rendía nada”, comentó Nerio Zapata, ciudadano venezolano.
La empresa se formó en 2024 y en enero de 2025 arrancó a operar con los alquileres. Hoy cuenta con más de 200 bicicletas alquiladas en Medellín. Sus estaciones de intercambio de baterías están ubicadas en sectores como calle 30, Laureles, Estadio, Ruta N y la Terminal del Sur. Según Pantoja, cerca del 60 % de los usuarios actuales son migrantes, aunque en algunos momentos la cifra ha llegado al 80 %.
Un desarrollo con impacto social
Para la compañía, uno de los principales impactos del proyecto es el aumento en los ingresos de los repartidores. De acuerdo con los datos de Runni, quienes pasan de una bicicleta tradicional a una eléctrica incrementan sus ganancias cerca de un 80 %. Además, reducen el desgaste físico y pueden trabajar durante más tiempo.
Pantoja destaca que la apuesta de la compañía también busca dignificar el trabajo de los domiciliarios y brindar herramientas a personas que llegan al país o atraviesan situaciones de desempleo. “Con Runni puede empezar a trabajar y generar ingresos desde el día uno”.
Dentro de las proyecciones de crecimiento que maneja la compañía está tener cerca de 1.000 bicicletas eléctricas operando para finales de 2027 y en los próximos meses instalar más estaciones de intercambio de baterías, en El Poblado y otros lugares del sur del Valle de Aburrá.





