En Casa Magdalena la carta no es un simple listado de platos, es un relato de familia. Desde que abrió en 2022, este restaurante de Santa Marta se concibió como un homenaje a las mujeres del Caribe y a la cocina que ha sostenido generaciones. Ahora, con su nueva carta, Regreso a casa, el guiño se hace más íntimo: volver a la mesa de las abuelas, a las recetas que se repetían en los patios, a los sabores que fueron marcando la memoria de la ciudad.
El chef José Quinto lo dice con claridad: lo cotidiano es lo que merece honores. Una arepa de queso puede ser tan solemne como un plato de alta cocina si se entiende lo que guarda detrás. Así aparecen en la carta preparaciones como las hayaquitas o un tartar de res que se sirve sobre arepa, en un diálogo entre lo nuevo y lo heredado. No hay nada muy elaborado, sino respeto con el producto y con la memoria de quienes lo cocinaron antes.
La Santa Marta de hace décadas aparece como fuente de inspiración. La ciudad donde un guiso se preparaba con tiempo, donde el pescado tenía el ritmo de las mareas y los vendedores de mercado ponían el pulso a los días. De ahí proviene ese aire nostálgico que busca Casa Magdalena, un recordatorio de que los olores a mango maduro, a brisa salada, son también parte de una identidad que no debe perderse.

María José Manrique Vives, una de sus creadoras, lo resume: “Casa Magdalena se caracteriza por una filosofía muy sencilla donde se cocina con identidad. Aun así, podríamos hablar de la vuelta a lo local, de la cocina de memoria, del slow food, de la estética tropical elevada. Platos que cuentan historias y que respetan tanto al producto como a quien lo disfruta”. Por eso, en este lugar del centro de Santa Marta, lo artesanal es fundamental: el trabajo con productores locales, el respeto por los ciclos, la búsqueda de sostenibilidad. Cada plato es un gesto a esa memoria colectiva que se protege a través de lo que se come.

La propuesta también se conecta con la conmemoración de los 500 años de Santa Marta. Para los hermanos Manrique Vives (María José y Juan Miguel), que encabezan el proyecto, este es un año especial porque la ciudad vuelve a florecer y se abre camino en el mapa cultural y turístico. La carta se convierte, entonces, en un manifiesto: contar la historia de la ciudad a través de los sabores, tender un puente entre los que nacieron allí y los que llegan de paso.
Casa Magdalena hace parte de Escapista Hospitality Group, el mismo que ha abierto lugares como Agua de Río o Palma & Celia en Santo Domingo. Pero más allá de la expansión, lo que buscan es sentido: propuestas que conserven una raíz clara, que se sostengan en la autenticidad. En este caso, el relato es simple y poderoso: cocinar como lo hacían las abuelas, con paciencia, con cariño, con el deseo de alimentar no solo el cuerpo, sino la memoria.





