Por: Pablo Ángel Restrepo, VP Confrapar
Esta semana “Bloomberg” puso a Medellín (CO) y Monterrey (MX) en el mapa de los hubs que están creciendo en Latinoamérica. ¿La razón? Una mezcla de política pública consistente, atracción de talento y tecnología, y un flujo de capital que ya no se queda solo en las grandes capitales. El artículo evidencia una descentralización: ciudades emergentes están capturando más acuerdos y actividad de inversión que hace unos años.
No es casualidad que esas ciudades emergentes sean cada vez más atractivas para inversionistas y empresarios. Es el fruto de muchos años de trabajo conjunto entre empresas, universidades y el Estado, que identificaron la ventaja competitiva local y la convirtieron en propuesta de valor para emprendedores e inversionistas. Medellín, por ejemplo, viene consolidando un perfil tecnológico y digital apoyado en infraestructura pública y en una comunidad emprendedora; Monterrey aprovecha su músculo industrial y el nearshoring gracias a su cercanía con Estados Unidos. En ambos casos, la calidad de vida, los costos y las redes empresariales ayudan a cerrar la venta.
¿Es importante el dilema de si primero viene el capital o los emprendedores?
La guía del BID/FOMIN Best Practices in Creating a Venture Capital Ecosystem es clara: no existe una medida única que “cree” un ecosistema. Lo que funciona es una combinación de condiciones, puestas sobre la mesa y enfocadas a las necesidades de los mercados. Entre otras cosas, lo primero es un marco legal y regulatorio predecible (libre mercado, eficiencia en trámites, contratos que se hacen cumplir, figuras societarias adecuadas, salidas posibles). Segundo, dejar que el capital siga oportunidades enfocadas en problemas concretos. Y, finalmente, se requiere confianza y esperanza: Medellín y Monterrey son ciudades de naturaleza industrial, de grandes empresarios, de personas cálidas, y gran talento, donde las familias empresariales le apuestan a consolidar la ciudad y donde los negocios se hacen con base en la confianza y reglas claras. Con estas bases, el capital llega y se sostiene; y, cuando el capital llega, atrae a empresarios, mejor talento, exige disciplina e inspira ambición internacional.
La ventana 2026: capital que busca dónde aterrizar
Los grandes patrimonios y family offices de la región están priorizando diversificación, hacia 2026, según Citi. Hoy Latinoamérica ya muestra la mayor asignación a capital privado en sus carteras (24% en promedio) y casi la mitad de los encuestados aumentó esa exposición el último año. Esto significa que hay apetito real por invertir en la región si las condiciones están dadas. Es una oportunidad de oro.
Si queremos más capital, cuidemos las reglas y la confianza. Si queremos más emprendedores, mostremos salidas y acompañemos la ejecución. Medellín y Monterrey ya nos muestran el camino: identidad productiva, redes que funcionan y un ecosistema que se alimenta a sí mismo. La pregunta del huevo o la gallina sobre el capital y los emprendedores deja de ser relevante cuando todos los actores están alineados hacia los mismos objetivos y apostando por su ventaja competitiva.





