Por: Catalina Isabel Ortiz.
No es solo una expresión cotidiana. Es una nueva manera de relacionarnos con el calor y nos obliga a preguntarnos si Medellín tiene suficientes árboles y sombra para protegernos.
En un día de calor extremo en Medellín, una vecina me pregunta: “¿En serio te vas
a ir caminando con este sol?” y mi respuesta fue sencilla: “Claro, me voy por la sombrita”. Mientras avanzaba por la calle, iba buscando la sombra de los árboles para protegerme del calor; antes la buscábamos por comodidad, hoy empezamos a hacerlo por salud. El calor, en definitiva, está cambiando la manera en que habitamos las zonas urbanas y nos recuerda que los árboles son mucho más que elementos del paisaje.
Caminar por la sombrita quizás se convierta en un hábito cada vez más frecuente en la ciudad. En El Poblado, por ejemplo, encontrar corredores verdes para caminar tiene sus retos, porque en algunas zonas tampoco hay andenes que permitan conectar un lugar con otro. Sin embargo, también hay experiencias como el Parque del Silencio, en Astorga, que fue entregado a la comunidad para su cuidado y hoy sus residentes, comerciantes y vecinos reconocen su importancia como parte de un recorrido que articula el Parque Lineal La Presidenta, el Parque El Poblado, el Parque del Silencio y el Parque de la Bailarina.
Pensar en espacios lineales verdes también significa mirar cómo conectamos los espacios que ya existen y cómo podemos fortalecerlos para que hagan parte de los recorridos cotidianos de quienes habitamos la ciudad. Los árboles cumplen una labor fundamental al disminuir el calor, con su sombra ayudan a enfriar el aire y a mitigar los efectos de las altas temperaturas.
Y entonces aparece la pregunta: ¿tenemos suficientes árboles en Medellín para poder caminar “por la sombrita”? Vale la pena que revisemos la famosa propuesta 3-30-300, que plantea que una persona debería poder ver al menos 3 árboles desde su casa, vivir en un barrio con un 30 % de cobertura vegetal y contar con un espacio verde o parque a menos de 300 metros de donde vive.
Seguramente al leer esto pensaste en que nos falta mucho para lograrlo. Por eso, para no quedarnos solo en la estadística, algo que podemos hacer en nuestra vida cotidiana es lo que propone un líder ambiental de la ciudad: elegir un árbol que haga parte de nuestro recorrido habitual y empezar a reconocerlo. Saber dónde está, observarlo, notar sus cambios y cuidarlo. Quizás cuando empezamos a reconocer un árbol también empezamos a preguntarnos por los demás árboles que hay alrededor. En mi caso, elijo uno y lo voy cambiando cada semana, por eso me di cuenta de que tumbaron uno cerca de casa hace unos días.
Como ciudadanos podemos empezar por mirar los espacios verdes que ya existen y cuidar el árbol que está frente a nuestra casa. Podemos reconocerlo, mapearlo con nuestros vecinos y reportar a las autoridades si vemos grapas, cables, avisos u otros elementos que puedan afectarlo.




