Acaba de terminar el Miami Open de Tenis, entre la emoción que representa para los aficionados al Tenis se conversa no sólo de lo técnico, sino también de lo humano y lo divino. Entre esto, lo impactante de las diferencias de carácter entre el ganador masculino y la ganadora femenina, Sinner y Sabalenka respectivamente. Ambos con sus particularidades técnicas; pero, sobre todo, con sus diferencias en la emoción que proyectan.
El primero, calmado, parco, sin expresiones pronunciadas. La bielorrusa, explosiva, emotiva, casi como una montaña rusa (valga la relación). Pero, la pregunta es:
¿Qué le gusta a la gente?
No podría dar un parte absoluto, pero al menos, en la muestra reducida (no sé si representativa o no) de mi familia y amigos, aunque disgusta su actitud, un poco arrogante y grosera, permite la conexión que un espectáculo de entretenimiento busca.
Esto es paradójico, puesto que el italiano, un hombre serio, calmado y concentrado en su técnica, despierta comentarios como “parece un robot”, y aunque permite la admiración de los aficionados, no despierta una conexión tan alta por su estabilidad. Todo esto lo relaciono, con la lectura que vengo haciendo recientemente del libro ‘Antifrágil’ (de la autoría de Nassim Nicholas Taleb). En este libro se insinúa que lo natural es el caos, tal vez por eso nos hace sentir más cómodos y conectados y al final, todo busca mejorar a partir de ese desorden, a pesar de moverse entre extremos, hay vaivenes que rondan el equilibrio entre lo frágil, lo robusto y lo ‘antifrágil’.
Los sistemas antifrágiles se fortalecen con los cambios del entorno.
Volviendo a la bielorrusa, pareciera moverse todo el tiempo en una turbulencia exterior aparente, que le da interiormente ese cable a tierra para el triunfo, puede ser a costa de desestabilizar a la adversaria o a la adaptabilidad que logra por su antifragilidad. Con Sinner pasa distinto, él gana con una limpieza netamente técnica, sin emoción, como el mejor de la clase.
Y, yendo al mejor de la clase, hablemos ahora de Claude 4.6. Este modelo de alto rendimiento y razonamiento se viene convirtiendo en el favorito de muchos, no sé por cuánto tiempo, puesto que hemos pasado por todos Chat GPT, Copilot, NotebookLM, Gemini, Grok y otros y cada vez alguno va superando al otro, por lo tanto mi conclusión hoy es que no debe haber una IA favorita, sino saberlas integrar en el trabajo como una diversidad de estudiantes, profesores o trabajadores, donde no todos pueden ser iguales, donde ninguno es siempre el mejor, puede tener temporadas en que alguno es el mejor, pero por la misma variabilidad y caos no es sostenible siempre en ese lugar y no funcionarían bien en equipo, es así como en muchas ocasiones me apoyo de uno y lo generado allí lo someto a corrección o complemento en otro de los modelos de IA o hago una parte del trabajo en uno y otras partes del trabajo en otras, para evitar el sesgo propio de cada modelo o al menos neutralizarlo o buscar la ‘antifragilidad’ o si lo hablamos en términos del tenis, la seriedad de Sinner con la emoción de Sabalenka, pero la técnica excelente de ambos.
Y, para que usted comprenda, al fin, ¿qué relación puede existir entre todo lo que he mencionado? Simplemente, volvemos a lo rico de la diversidad, que aplica tanto para lo humano, lo divino y lo artificial y al reto que estamos viendo de liderar IAs.
Liderar agentes es una competencia que debemos desarrollar en el corto plazo. Se trata de un asunto presente ahora en nuestra cotidianidad.





