Tuve un amigo elegante y bravucón. Majestuoso y de fama agresiva, aunque, desde mi punto de vista, amable y tierno. Ese amigo tenía plumas largas y blancas, y unas pocas grises cerca de su pico, en el cual podían observarse una clase de “dientecitos” afilados. A mi amigo, que en sí mismo parecía un eclipse, […]