Y las licencias que se dan no son solo musicales. Oigan pues a Andrés Soto, a quien, en su cuenta de Instagram, @andressoto.sommelier, se le dio por proponer para las Novenas y demás celebraciones de fin de año descorchar un vino francés, nada menos que un Pinot noir de Borgoña, para acompañar las hojuelas. ¡Y hasta un Sauvignon Blanc argentino! para favorecer los sabores de la natilla y los buñuelos. Soto, de Dislicores, dice que juntos son buenos porque este vino blanco, fresco, afrutado, de buena acidez, “corta la grasitud” de estas viandas.
Y oigan pues a Catalina Rugeles, quien en su cuenta @catasdecata consideró adecuado proponer blancos jóvenes para hacer maridaje con empanadas, carimañolas y arepas de huevo. Además, coincidió con los buñuelos de Soto: dice que, juntos, quedan ricos. Y no siendo suficiente, para empanadas de carne o lomo de cerdo con salsa de ciruelas sugirió la compañía de vinos tintos jóvenes, es decir, los que no tienen envejecimiento en madera.
De todo se está viendo en las redes sociales. Oigan pues a la empresa Nóvili vinos y licores y su sugerencia decembrina de servir Lambrusco rosado, todo un exponente de la italiana Emilia-Romaña, en la misma mesa con natilla y buñuelos. Y hay más: el muy interesante tinto argentino Bonarda con tamal y, atención, lechona tolimense con un rosado francés gris blanc.
Y como que no son solo licencias locales. El chef italiano Ricardo Valenti en su cuenta @valentigrill se animó a posar con un plato de natilla, buñuelos y empanadas ¡y los estaba acompañando con un vino tinto! Y oigan pues a los portugueses de Pinta negra: que los buñuelos bien cargaditos de queso maridan con su blanco, mientras el tinto es el mejor aliado de las empanadas de carne. Por supuesto, en esta cadena de atrevimientos, los franceses de Voilá Vinos tuvieron a bien sostener que no hay nada que vaya mejor que natilla con una copa de Gewuztraminer de la Alsacia.
Los músicos. Y los expertos en vinos y en cocina: óiganlos pues. ¡Sí! En serio, pónganles todo el cuidado. Es que tienen toda la razón porque sus diseños puntuales de armonías van muy bien y porque, de fondo, proponen abandonar viejas taras que vaya uno a saber para qué nos han privado de buenos ratos de disfrute. Ojalá no fuera solo en diciembre que nos diéramos buenas licencias.
O, si no, oigan pues a Bodegas Buen Vivir que propone bien juntos Canción de Navidad y otros cuentos, de Charles Dickens; Cien años de Soledad, de Gabo; o El infinito en un junco, de Irene Vallejo, con su Tempranillo español.





