Al volante de Mi consentida va Luz Adriana García Bastidas por las vías de San Sebastián de Palmitas, corregimiento de Medellín. Cada madrugada, cuando la mayoría de las personas todavía duerme, su vehículo, un camión escalera o chiva, hace su recorrido entre las montañas de este valle. En sus bancas viajan bultos de café, mercados, herramientas o campesinos y vecinos suyos quienes aún encuentran en el camión escalera la forma más confiable de viajar de la zona rural a la ciudad.
Su historia en las chivas comenzó mucho antes de aprender a conducir. Creció viendo a su padre, don Bernardo García, recorrer las veredas al mando del volante de uno de estos vehículos cuando la chiva era el único medio de transporte para pasajeros y carga en Colombia, unos 50 años atrás. Con el tiempo, cuando conoció a su esposo, la tradición familiar encontró un nuevo rumbo. Fue él quien le enseñó primero a manejar un carro particular y luego a dominar este vehículo, el cual exige “fuerza, precisión y mucha experiencia”, reconoce ella.
“Decidí desafiar los estereotipos para convertirme en la única conductora de chiva de San Sebastián de Palmitas y una de las pocas en Antioquia”
Entre risas, cuenta que aprendió a manejar chivas porque el trabajo era demasiado para una sola persona y su esposo necesitaba una compañera en la carretera. Adriana aceptó el reto sin imaginar que terminaría enamorándose del oficio. “Nunca me dio miedo. Al contrario, me encanta manejar carros grandes”, dice con la naturalidad de quien ha recorrido cientos de veces las carreteras destapadas que conducen a La Aldea, La Sucia, El Mestizal, La Potrera, El Guaco y otras veredas del corregimiento de Palmitas.
La chiva Mi consentida la compraron hace unos 35 años y desde entonces se convirtió en una integrante más de la familia. En su parte trasera lleva la imagen de San Miguel Arcángel, llamado El protector de los caminos. Su carrocería pintada a mano conserva los colores y detalles que hacen de los camiones escalera uno de los mayores símbolos del patrimonio popular antioqueño.
Aunque hoy muchas familias tienen motocicleta o carro particular y el trabajo ha disminuido, Luz Adriana cree que las chivas siguen siendo irremplazables. “Son un transporte mixto. Sirven para pasajeros y para carga de cualquier producto que baje de las montañas rumbo a Medellín”, relata. Esa versatilidad explica por qué estos vehículos continúan siendo esenciales para la vida rural en algunos lugares de Antioquia y de Colombia.
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