Lo que cambia, lo que no y lo que dice COVID-19

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Desde que el corovarius comenzó en Colombia, me he dado cuenta de que mi percepción de ciertos asuntos ha cambiado mucho: pasé de comenzar el confinamiento con una sensación de desesperanza y frustración, y ahora me descubro con una sensación de agradecimiento y amor por mi familia y allegados.

Creo que esta situación nos ha transformado a todos, desde los más jóvenes hasta los más adultos, por muy cliché que suene esta afirmación. Ahora, esa transformación se ha dado en muchos aspectos, menos en uno, que se ha conservado fijo desde que las consecuencias de la pandemia se han hecho visibles en nuestro país: una sensación, pensamiento o cuestionamiento, que me inquieta.

No sabría como nombrarlo, pero observo que tanto empresas como personas deseamos continuar como si nada estuviera pasando, como si el acelere con el cual nos hemos comportado durante tanto tiempo, no se pudiese modificar. Pero, la sociedad y nosotros mismos lo estamos forzando a que siga rápido, a la misma velocidad que lleva teniendo desde hace unos 30 o 40 años.

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Respecto a esto, hay dos asuntos que creo problemáticos: el papel de los gobiernos en las economías mundiales y la forma en la que nos relacionamos con la naturaleza. Desde la década del 80 los gobiernos han pasado a un segundo plano para permitirles a las empresas que dirijan y direccionen el ritmo acelerado de las dinámicas del mercado y su crecimiento.

También se les ha dicho a los gobiernos que sólo pueden participar cuando surjan problemas. Esto ha hecho que los gobiernos no estén tan bien preparados para hacerles frente a las crisis, como la que estamos viviendo actualmente.

Esta situación se hace más crítica en América Latina, zona en la que la inversión social es menor y la brecha salarial es tan alta que algunos de los países más inequitativos del mundo se encuentran en esta región. Además estas economías son mucho más informales. Esto nos hace más vulnerables para afrontar una situación así.

Bajo esta mirada, me pregunto: ¿cuál es el papel de los gobiernos en esta situación? ¿De qué manera deberían aportarle al bienestar de la población permitiendo que las personas se cuiden en sus casas y no se vean obligadas a salir a trabajar en una situación así?

La otra situación es la manera en la que nos relacionamos con la naturaleza, sobre todo los animales, que está mediada también por un acelerado consumismo y una dieta basada en la proteína animal.

Desde el siglo XVII hemos considerado la naturaleza, los no humanos, como algo externo a nuestra realidad social, lo cual ha ocasionado serios problemas en la actualidad. Uno de ellos son las enfermedades causadas por la zoonosis, es decir, las enfermedades que se contagian por medio de parásitos, virus, bacterias u hongos, y el contacto con los animales.

Estas enfermedades siempre han existido, sin embargo, en los últimos años han presentado un aumento considerable, justamente porque los animales domésticos como pollos, cerdos y vacas han servido como puentes de las mismas. Algunos ejemplos de estas enfermedades son la vaca loca, el VIH, la gripe española, entre otras.

Uno de los factores importantes que impulsan estas enfermedades es la constante demanda de proteína animal, que proviene muchas veces de crías hacinadas, con malas condiciones salubres, lo que hace que estos animales tengan muy bajas sus defensas, se infecten y las traspasen a los humanos.

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A esto se le suma el aumento en el consumo de animales salvajes que se percibe como símbolo de estatus o que se realiza por la presión que genera el crecimiento poblacional, lo cual trae otras enfermedades como la COVID-19, situación que vivimos hoy en día. Aquí me pregunto: ¿qué alternativas de dieta tenemos para mejorar esta situación? ¿De qué manera podemos acercarnos a la naturaleza para evitar que este tipo de maltratos se sigan dando?

El acelerado ritmo que vivimos, que tiene un gran impacto en el cambio climático, incide en la acelerada producción y transporte de mercancías y también de enfermedades; el tener que salir a trabajar a toda costa, porque no se tiene un sustento diario, porque se vive en economías completamente informales, tampoco ayuda en la situación; el continuar maltratando al mundo animal y verlo tan alejado de los humanos, continúa degenerando nuestro sistema.

¿Qué nos está diciendo esta enfermedad a nuestras sociedades, a nuestros gobiernos y a nosotros mismos?

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