Cuando lo conocimos uno de sus mayores sueños era lo que para muchos parece obvio: tener energía confiable en su casa. Nunca nos habló de “progreso” en abstracto, sino de poder hacer las tareas en la noche sin necesidad de velas; de conservar los alimentos y cargar el celular… actividades que parecen básicas en cualquier hogar pero que en el suyo, en zona rural de Betania, Antioquia, no están garantizadas.
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Mateo tiene 16 años y acaba de terminar el grado noveno. Es un estudiante destacado en el colegio Nueva Paideia y justamente su perseverancia para aprender nos impulsó a convertir esa necesidad en una meta concreta: financiar la instalación del sistema de energía de su hogar a través de una campaña de donación con propósito claro, tiempos definidos y resultados medibles. Buscando aportes desde $2.000 abrimos una ventana pequeña pero poderosa.
Activar las redes sociales fue uno de los momentos más emocionantes. No hubo grandes presupuestos de marketing pero sí mensajes sinceros, videos sencillos y una convicción compartida. Personas que nunca habían oído hablar de Mateo reconocieron en su historia algo propio, donaron e invitaron a otros a hacer lo mismo.
Lo que pasó después confirmó por qué creemos en la filantropía estratégica. En pocos días se sumaron familiares, amigos, colegas y fundaciones. Se movían las barras de progreso y llegaban notificaciones de nuevos aportes a cualquier hora del día. Alcanzamos más de 300 transferencias y cada aporte se registró, se agradeció y se vinculó públicamente a la meta hasta completar el 100 % del objetivo. Un reflejo de lo lejos que llegamos cuando conectamos la empatía con un propósito.
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La energía que faltaba en esa casa de la vereda Santa Ana, terminó irradiándose en forma de comunidad digital comprometida por todo el país. Tardamos menos de dos meses para reunir el dinero e instalar el sistema con el apoyo de Energía Grata, un emprendimiento social con amplia experiencia en el caribe colombiano pero que llegaba por primera vez a tierras antioqueñas.
Mateo y su familia vieron la transformación de su hogar porque llegó la luz y con ella una nevera nueva apta para el sistema, donada por Fundación Haceb; el primer arbolito de Navidad con sus luces de colores y la posibilidad de seguir progresando sin abandonar el campo. Las fotos de la casa iluminada por primera vez y la palabra “gracias” repetida con timidez pero con una alegría imposible de ocultar, se convirtieron en el mejor informe de gestión.
Probablemente la historia de Mateo no es única, pero nos recuerda que cuando unimos esfuerzos somos capaces de transformar juntos. Diseñar campañas de donación con metas claras, estrategia y resultados medibles no le resta emoción a la solidaridad, al contrario, la multiplica, porque cada persona puede ver el impacto concreto de su decisión. En ONE Inversión Social cerramos el año con esta gran meta alcanzada y la convicción de seguir encendiendo luces para cambiar destinos, una familia a la vez.
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Si quieres conocer a Mateo, su familia y su casa iluminada, mira este video:





