La abstención en las elecciones legislativas en el país pasó de 54,13 por ciento en el 2022 a 49,80 por ciento este año, de acuerdo con las cifras de votantes publicadas en la página de la Registraduría Nacional del Estado Civil, una vez escrutadas más del 99 por ciento de las mesas.
Si bien esta reducción en el número de personas que se abstienen de participar en el proceso electoral puede verse como un síntoma positivo con respecto a la salud de la democracia, se mantiene como una señal de preocupación, toda vez que, de las 41 millones 287.084 personas que estaban habilitadas para votar, un poco menos de la mitad decidieron, por una u otra razón, no participar en la elección de los nuevos integrantes del Congreso de la República.
Más de un millón de personas que participaron en los comicios lo hicieron de forma inadecuada, pues no marcaron el tarjetón o su marcación fue nula.
A esto se suma que, del total de votos para el Senado, 495.519 fueron tarjetones no marcados y 573.572 fueron nulos. Algo similar a lo que ocurrió con los votos para la Cámara de Representantes, de los cuales 358.203 fueron no marcados y 628.363 fueron nulos.
Es decir, más de un millón de personas que participaron en los comicios lo hicieron de forma inadecuada, bien porque creen que manifiestan alguna inconformidad (algo en lo que se equivocan, pues se trata de votos que no cuentan ni se suman a los votos en blanco) o porque a los partidos y movimientos políticos, así como a las autoridades electorales, les sigue haciendo falta trabajo pedagógico en torno al proceso.
Algunos analistas consideran que esta situación, que históricamente se ha repetido en las elecciones legislativas, ocurre como fruto de la carencia de cultura política e incluso llaman la atención sobre factores como la desconfianza en el proceso o la incapacidad de que una elección genere transformaciones.
Sin embargo, también se da por hecho que la gente participa menos en las elecciones legislativas y se compromete más frente a los comicios presidenciales. Fue el caso del 2022, cuando en la segunda vuelta el porcentaje de sufragantes llegó al 58,17 por ciento de los ciudadanos habilitados, el mayor porcentaje desde 1998. El índice de abstención se redujo 4,24 por ciento frente a la segunda vuelta de 2018.
No parece haber una razón, pero es como si los votantes esperaran lo que sucede en la primera vuelta, para decidir si participan o no en la segunda. Pero aun si se decide esa participación, los resultados de 2022 muestran que más del 40 por ciento de las personas habilitadas para votar renuncian a ejercer su derecho a elegir un nuevo gobernante. Una renuncia que tiene consecuencias, entre ellas, ver cómo proyectos políticos con los que no se está de acuerdo, triunfan en las urnas.
Por eso el llamado para el próximo 31 de mayo es a reducir aún más los niveles de abstención.
La responsabilidad de construir una democracia fuerte, que supere los retos de la corrupción y la violencia, pasa por manifestar la voluntad política a través del voto.





