Por: Carlos Arturo Fernández
El camino de José Ignacio Vélez en la vida y en el arte se nos entrega en un libro de belleza excepcional, editado por Mesa Estándar en 2025, con textos de Esteban Duperly y fotografías de Tom Griggs y Alfonso Posada. Un libro discreto, pequeño y económico en su tipo. Hay muchos libros de arte muy bellos; pero pocos como este para hojear y releer, de vez en cuando, con la certeza de encontrar cada vez palabras y detalles cargados de sentido.
José Ignacio Vélez Puerta (Medellín, 1959) es una de las figuras clave del arte de la cerámica en Colombia, en el contexto actual. Es quizá el principal de los artistas que, con un trabajo muchas veces silencioso pero persistente y de profundo sentido poético, borraron los prejuicios vanguardistas, presentes entre nosotros, que se empeñaban en reducir la cerámica a la condición de una actividad manual intrascendente y fuera de época; ellos, por el contrario, llevaron la obra milenaria de los alfareros hasta el centro del arte contemporáneo.
Artista polifacético
No es casual, por eso que, en la Bienal Internacional de Arte de Antioquia y Medellín (BIAM) de 2025, la obra de José Ignacio Vélez formara parte de la muestra de los principales maestros del arte nacional. Un artista polifacético que, además del trabajo cerámico, es pintor, dibujante, poeta, investigador y promotor cultural y, no en último lugar, profesor en distintos períodos de su vida. Y muchas cosas más: sembrador, panadero, carpintero, mecánico, un poco arquitecto, pensador.

También la cerámica es para José Ignacio Vélez un territorio con diferentes vertientes, como serían, por un lado, la realización de objetos utilitarios y múltiples y, por otro, el desarrollo de una poética personal que se manifiesta en obras únicas; pero, en realidad, en el trabajo concreto, esas vertientes confluyen en la unidad de un sentido creativo propio.
Aunque se afirma como artista, comprende que la cerámica tiene dimensiones culturales y patrimoniales que es necesario promover y defender. Y así, hace cuarenta años, se vinculó con los procesos de estudio y recuperación de la tradición ceramista de El Carmen de Viboral: un largo compromiso del cual quedan numerosos testimonios, recuerdos y obras de arte en las calles y plazas del municipio, además de una industria renovada y pujante que exhibe con orgullo sus productos en todo el mundo.
Los libros
Pero también queda un libro titulado Carmen, cerámica e iconografía, escrito con Esteban Duperly y publicado por Mesa Estándar en 2021, que la Asociación Internacional de Artes Gráficas de Estados Unidos escogió entre los 50 libros mejor editados y diseñados ese año en el mundo entero.
Si aquel libro era sobre el objeto útil, ahora estamos en la otra vertiente. Un día en la tierra. El camino de José Ignacio Vélez Puerta es un libro de arte extraño. En efecto, puede leerse y hojearse siguiendo dos caminos diferentes o, al menos, dos relatos paralelos.
De entrada, encontramos las imágenes: abundantes, generosas, todas las páginas a pleno color. Impresiona la atención a los detalles, las tierras, las texturas, los fragmentos, elementos vegetales, el fuego de los hornos o las pequeñas piezas múltiples que luego entran a formar parte de trabajos más grandes.
Estos detalles se convierten en los fondos de página sobre los cuales se suceden fotos de detalles de la casa, del bosque, del taller de tejidos de Tati, la esposa de José Ignacio, del taller y los hornos de cerámica y también de obras completas. Pero, en cualquier caso, las imágenes no están ordenadas para explicarnos la obra sino para mostrarnos la vida austera y laboriosa que hacen José Ignacio y Tati en la Reserva Natural Providencia de Guatapé.
Y, en el mismo orden de ideas, el texto de Esteban Duperly, que es directo, amable y claro, pero sin concesiones complacientes, se dedica a la persona que es José Ignacio, y no al personaje, que sería el maestro ceramista. Por eso, si se piensa como un texto de arte, este es un libro extraño que no habla de obras sino de experiencias de vida; no se refiere directamente a las fotos, pero la potencia espiritual es la misma.
En el fondo, esta es una lección de vida: volver a la tierra, volver a la sencillez que nos ha dado la posibilidad de todo lo que somos.





