Por: Carlos Arturo Fernández
Jhon Jairo Muriel (Amagá, 1965) desarrolla desde 2025 la serie “Parajes”, un conjunto de pinturas al acrílico en las cuales vuelve a las experiencias más íntimas de los territorios familiares de su infancia. Sin pretender agotar sus posibilidades, puede afirmarse que esta serie es coherente con los intereses significativos y formales que han caracterizado hasta ahora la obra de Jhon Jairo Muriel. En efecto, estos “Parajes” se ubican en la línea del paisaje, que ha constituido el problema fundamental de su trabajo y que, como es evidente, se plantea desde una perspectiva de compromiso muy particular.
En la vida cotidiana, la idea que tenemos de un paisaje natural está casi siempre relacionada con una distancia que nos permite desplegar la mirada sobre un amplio panorama; en general, es una vista de conjunto en la cual la lejanía se traduce en una actitud contemplativa que, en último término, confirma una diferencia esencial entre el ser humano y la naturaleza. Pero para un artista que haga de este asunto su problema de trabajo, la pintura de paisaje se ubica en un nivel diferente; el paisaje ya no es un simple panorama sino una posibilidad de análisis a partir del cual la libre contemplación se convierte en estructura y en compromiso de sentido.
Cercanía
Pero Jhon Jairo Muriel pertenece a un tipo de artista que busca llegar todavía más cerca. Porque existe una apuesta adicional cuando, en cierto sentido, el pintor parece renunciar a su independencia subjetiva y se identifica con el medio natural. Ya no hay distancia que posibilite racionalizar la estructura del cuadro, sino que la naturaleza vegetal parece imponerse y compartir con el arte sus formas libres, orgánicas y vitales. En otras palabras, las pinturas de Jhon Jairo Muriel no son el resultado de una mirada exterior más o menos cercana de la vegetación, tampoco una libre representación de la misma y ni siquiera su presencia pictórica, sino una experiencia que se manifiesta con la fuerza propia de la vida.
Nuestra aproximación a la obra se enriquece, sin duda, cuando aprendemos que las pinturas de estos “Parajes” no se refieren a un espacio vegetal cualquiera, sino que, como lo indica el título de la obra en portada, estamos hablando Del jardín; pero que, además, tampoco es indeterminado sino, por el contrario, la reconstitución del jardín materno, cuidadosamente trasladado a un nuevo espacio rural cuando, por diversas circunstancias, el original no pudo ser conservado. Aquí están las enredaderas, las hojas diminutas y las flores grandes y pequeñas, el rojo de la planta en la pintura de la Iresine, en contrastes asombrosos con los amarillos, verdes, naranjas y azules del fondo.
Memoria íntima
Por eso, aquí no hay distancia. En realidad, Jhon Jairo Muriel no está interesado en contarnos cómo era el jardín de su madre. Quizá, en el fondo, el objetivo de estas pinturas tampoco tiene que ver directamente con nosotros como espectadores, sino que existen y tienen sentido como una experiencia vital del artista y como la emoción y el sentimiento al calor de las memorias íntimas. El arte, se ha dicho muchas veces, nos salva de la fragilidad de los recuerdos y de la fugacidad de la existencia: quizá por eso en este jardín de la pintura los trazos son veloces y las formas se encabalgan y se multiplican, como queriendo atrapar las huellas antes de que se borren. Quizá no todo se logra atrapar y, como en Iresine, algunos elementos más precisos comparten existencia con otros más genéricos. Pero no hay sentimientos de tragedia sino una intensa alegría de vivir y de ser capaces de luchar para conservar la fuerza de las vivencias a través de la pintura.
Cuando se mira la obra de Jhon Jairo Muriel desde esta perspectiva, los espectadores adquirimos un cierto papel de intrusos, como si viéramos el cuadro por encima del hombro del artista, incapaces de participar plenamente de su vivencia íntima. Pero comprendemos entonces que las formas y colores de estos “Parajes” constituyen la materialización de un mundo de sentido, que no podríamos traducir en palabras pero que se abre a las posibilidades de la intuición.





