Desde el próximo 12 de junio el servicio de hospitalización pediátrica del Hospital Infantil Santa Ana (ubicado en el barrio Manila, en El Poblado), dejará de funcionar. Este, hace parte de una línea que venía siendo sostenida con recursos que no salían directamente de la prestación médica, sino de arriendos, donaciones y otros ingresos propios de la fundación.
La decisión tiene una explicación dura en los estados financieros de 2025: la prestación de servicios de salud le generó al hospital ingresos netos por $4.111 millones, pero sus costos fueron de $6.583 millones. Es decir, antes incluso de sumar gastos administrativos, financieros e impuestos, la operación asistencial ya dejaba una brecha de $2.471 millones.
“Hay que tener claro que la hospitalización pediátrica y la consulta especializada no son sostenibles por sí solas. En casi todas las instituciones esos servicios se apalancan con otras líneas de prestación: ayudas diagnósticas, cirugía, etc. Nosotros hemos subsidiado estos servicios durante años con recursos propios, con donaciones y con arriendos de espacios”, explicó Paula Andrea Trujillo, directora del hospital.
Hablando únicamente de la línea de hospitalización, también estaba por debajo del equilibrio: en 2025 registró ingresos por $2.340 millones y costos por $3.134 millones. La consulta externa mostró una presión aún mayor, con ingresos por $1.846 millones frente a costos por $3.447 millones, según los estados financieros firmados por la representante legal, el contador y el revisor fiscal.
Según Trujillo, desde mediados del año pasado la administración comenzó a revisar los resultados acumulados y en octubre se puso sobre la mesa la posibilidad de cerrar el servicio. “En octubre tomamos la decisión de cerrar, pero empezamos a hablar con fundaciones amigas, con la Dirección Seccional de Salud de Antioquia y con la Secretaría de Salud de Medellín para buscar opciones. En noviembre decidimos no cerrar del todo, sino hacer un cierre parcial: cerramos ocho camas y quedamos con 12”, contó.
Ese cierre parcial dio unos meses de margen, pero no resolvió el problema de fondo. La directora aseguró que en los primeros meses de 2026 insistieron en la búsqueda de recursos, en la disminución de costos y en la apertura de nuevas líneas de servicio, pero las respuestas no alcanzaron para sostener la hospitalización continua. “Llegó un momento en el que tuvimos que ser responsables para no cerrar todo el hospital”, dijo.
La presión, según la administración, no está concentrada en una sola causa. Trujillo señala que las tarifas de prestación pueden subir 2 %, 3 % o 4 % en algunos años, mientras que los costos generales del servicio han crecido con mucha más fuerza. “El talento humano, las responsabilidades laborales, los insumos de aseo, la alimentación, los servicios públicos, los medicamentos: todo se ha incrementado radicalmente. Nosotros veníamos subsidiando, pero ese subsidio se volvió tres o cuatro veces más grande”, afirmó.
La directora descartó que el problema principal sea una cartera impagable. En 2024, dijo, el hospital decidió cerrar contratos con algunas aseguradoras porque combinaban tarifas bajas, casos complejos y retrasos en pagos.
Hoy, según su explicación, la cartera está más saneada: “Tenemos un aliado estratégico importante, que es Sura, y ellos han dado toda la respuesta posible al hospital. Pero nuestra mayor dificultad no está ahí. Nuestra mayor dificultad es que el costo de la prestación es abismal”, sostuvo.
La notificación del cierre ya fue enviada a los entes territoriales, a las aseguradoras con convenio y a las universidades que tienen relación docencia-servicio con el hospital. Trujillo insistió en que el proceso se está haciendo con preaviso para evitar riesgos en la atención. “No es que vayan a quedar niños en el servicio sin saber qué hacer. Esto es un cierre juicioso, planificado, para que cuando llegue el momento tengamos todo organizado y no pongamos en riesgo la salud de nadie”, explicó.
El hospital seguirá con consulta externa especializada, vacunación, programas de promoción y prevención, y servicios de atención de corta estancia. La directora aseguró que ya está habilitado el servicio de vacunación, con biológicos del Programa Ampliado de Inmunizaciones, en articulación con la Secretaría de Salud de Medellín, y vacunas comerciales o complementarias con tarifas que, según ella, buscan ser accesibles para la comunidad.
La institución también conserva su trabajo histórico en nutrición infantil y atención de enfermedades respiratorias. En 2025, de acuerdo con información institucional publicada por el propio hospital, su consulta externa superó las 19.000 atenciones y el modelo Familias Saludables acompañó a cerca de 400 niños y sus familias en procesos relacionados con malnutrición, educación a cuidadores y fortalecimiento del entorno familiar.
Uno de los puntos que la junta directiva decidió blindar, por ahora, es el empleo. Trujillo aseguró que no habrá despidos masivos como consecuencia del cierre de la hospitalización pediátrica. “Tomamos la decisión de no salir del personal. Estamos haciendo nuevos proyectos para poder ocupar a esas personas, porque muchas llevan años acompañando al hospital. Somos 100 colaboradores directos y tres por prestación de servicios; detrás de ellos hay 100 familias que dependen de esta institución”, dijo.
Para quienes quieran apoyar al hospital, este mantiene abierta la posibilidad de recibir donaciones en dinero o en especie. En el caso de las empresas, la directora explicó que se expiden certificados de donación con los beneficios tributarios correspondientes.




