La problemática de los habitantes de calle no se circunscribe a una sola de las comunas de Medellín, están en muchos sectores, principalmente en el centro de la ciudad, Laureles y en El Poblado.
En estos dos barrios confluyen factores como la ubicación de hoteles, establecimientos abiertos al público con consumo de licor, restaurantes y un constante flujo de visitantes locales, nacionales y extranjeros.
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Esta cantidad de personas circulando por una misma zona está siendo aprovechada no solo por iniciativas privadas que aportan nuevos espacios y desarrollos habitacionales y comerciales, sino y por desgracia, por bandas criminales que controlan negocios ilícitos como el microtráfico y la prostitución, dos problemáticas que las autoridades tratan de controlar, pero que son evidentes para cualquiera que camine por una de nuestras vías cercanas al parque principal o al parque Lleras.
Y muy de la mano con estas actividades, el fenómeno de los habitantes de calle sigue teniendo alta, y a veces amenazante presencia en la zona. En los semáforos, a la salida de los restaurantes, bares o discotecas, o en cualquier acera, están prestos a pedir ‘una colaboración’, que en la mayoría de los casos alimenta el flujo de caja de los expendedores de drogas.
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De acuerdo con datos de la Alcaldía de Medellín, se estimaba el año pasado que más de 1.000, de las 8.000 personas en condición de calle que tiene Medellín, hacían tránsito por la comuna 14. De ellas, la mayoría, atraídas por la caridad. Con un agravante: en algunos casos, buscando tocar la sensibilidad de las personas, se utilizan menores de edad para acompañar a quienes reclaman una moneda o, en el peor de los casos, para que sean ellos mismos quienes la piden.
La situación se ha vuelto crítica, pese a que la Alcaldía ha tratado de intervenir de diferentes formas, una de ellas, a través de una campaña para que las personas dejen de dar limosna, especialmente quienes visitan la ciudad.
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Sin embargo, lo hecho hasta ahora no ha sido suficiente. El problema no hizo más que dispararse durante la administración del ahora Superintendente de Salud debido a su falta de acción, pero las medidas que se han tomado hasta ahora se quedan cortas frente a la magnitud del problema.
Es indispensable que pongamos la mirada en un asunto que, si bien afecta varios sectores de la ciudad y a sus habitantes, perjudica a quienes siguen creyendo en Medellín e invierten y trabajan para que la ciudad siga siendo ejemplo en el resto del país.
“La limosna, en la mayoría de los casos, alimenta el flujo de caja de los expendedores de drogas”.





