El trovador

“ES NECESARIO QUE LAS INSTITUCIONES CULTURALES Y EL SECTOR PÚBLICO TRABAJEN EN OTRA DIRECCIÓN. Y UNIDOS”.

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Hay gente que nace con el don de la palabra: contar, decir, convencer, hacerte reír, imaginar. Hay gente que nace con el don de la música: cantar, tocar un instrumento, entender el ritmo. Hay gente que, además de lo anterior, tiene el don de ver cómo son los otros, qué necesitan, para ayudar. Germán Carvajal tiene los tres. Tenía 13 años cuando un profesor lo escogió para participar en una semana cultural, en Marinilla, el pueblo donde nació. Lo conocía por las caricaturas que dibujaba y los comentarios que hacían reír a los demás.

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Por aquellos días conoció a Saulo, un niño amable y silencioso que, con la ayuda de su papá, escribía trovas, esos versos improvisados que suenan en restaurantes, fiestas y ferias de Antioquia. A los ensayos, para encontrar buenas frases, le siguieron presentaciones en vivo por las que abandonó el oficio de cargador de mercados.

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Germán Carvajal es uno de los trovadores más destacados en Colombia. Además de este oficio que llegó a él por sus talentos y las circunstancias del destino, se ha caracterizado por su apoyo a iniciativas culturales.
Germán Carvajal es uno de los trovadores más destacados en Colombia. Además de este oficio que llegó a él por sus talentos y las circunstancias del destino, se ha caracterizado por su apoyo a iniciativas culturales.

En 1983, Jack Araujo, dueño del restaurante La Posada del Contento, los invitó a una oportunidad sorpresa: una presentación ante Belisario Betancur, presidente de la República, quien se alegró al conocerlos.

Meses después, recibieron unas fotos firmadas por el mandatario y esto se convirtió en el deseo de ir a Bogotá. Con la generosidad de los conductores de carretera, llegaron al Palacio de Nariño. Allí los recordó un hombre que les permitió recorrer el lugar.

Una presentación en el programa Sábados Felices y ser Rey Nacional del Festival de la Trova, a los 16 años, fueron algunos de los sucesos que siguieron para Germán Carvajal, en su camino como trovador. Octosílabos, cuartetos, ensayos, y estar en el escenario junto a la gente, hizo parte de la vida de este dúo llamado “Los Marinillos”, y que acabó por un viaje de Germán, a Cuba, en 1998, para estudiar música.

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A su regreso, comenzó a participar en espectáculos de improvisación junto a Leonardo Jiménez. También fue uno de los protagonistas del programa Campo Elías y El Puntudo, y uno de los fundadores de El Teatrico. Ha sido parte de programas como La Luciérnaga de Caracol y fue el director artístico de la Feria de las Flores, entre el 2005 y el 2010.

Estar en un escenario desde temprano, en la vida, y ver un evento como este, desde adentro, lo ha llevado a entender lo básico: “La virtud de un artista está en saber comunicar” y “los eventos deben incluir las familias, a todos los públicos, y tener un propósito, un significado”.

Sus argumentos o preguntas hacia la administración actual sobre temas como el bienestar de los silleteros, la presencia y trato de las mujeres en el Festival de la Trova o el significado de los mensajes de este evento, han abierto la discusión o generado polémica: Germán está tranquilo. Y explica: “Es importante escuchar y que haya coherencia entre el discurso y los eventos. La cultura incide en el comportamiento de la gente. Por eso, siempre es importante tener claro el propósito”.

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