Endereza tu espalda

Publicidad


La comodidad no necesariamente es bienestar.  Es por esto por lo que muchos de ustedes al leer la primera línea de este texto probablemente se hayan enderezado. Sabemos que la columna recta le conviene a nuestro cuerpo, pero preferimos estar encorvados o apoyados porque nos implica menos esfuerzo.

Lea también: El valor de la amabilidad


Ahora, la incomodidad no puede ser malestar. Y esto aplica no solo para ergonomía sino también para trabajos, relaciones (incluso familiares), dietas alimenticias, paseos, entre muchas otras cosas. “Hay que salirse de la zona de confort”, nos dicen, como queriendo decir que si no sufres no vale. Por eso prefiero: fuera de la zona de confort puedes ver la magia.

Publicidad


El año pasado, después de casi dos años de encierro y de no ver a mis padres, nos fuimos la familia entera a vivir a Santa Marta un par de meses. Cambiamos aulas de clase por tablas de surf, escritorios de oficina por una mesita improvisada con vista al mar y días eternos de tapabocas por caminatas, donde la sal, el sol y el viento se le pegaban a uno en la cara. Aunque muchas personas creyeron que estábamos de paseo, en realidad lo que hicimos fue empacar lo que cupiera en una maleta, incluidas todas nuestras responsabilidades y nuestras angustias.

La felicidad y la plenitud son sensaciones. Por eso son pasajeras. Por eso siempre nos dejan iniciados, queriendo más. Elaborando sobre ellas, en un pasado que nunca volverá.
Entonces así nos levantábamos diariamente, con los mismos problemas y dolores, pero ensalzados con el océano al frente y la serranía detrás.

Lea también: Que la comodidad no nos nuble la empatía

Un día mi esposo armó un paseo para ir a hacer snorkeling. Debíamos salir de Taganga en un bote donde no había espacio para poner los pies, porque iba cargado con los tanques de oxígeno. Sorteamos un oleaje inmenso por Punta Aguja, y ahí, en la mitad del mar, saltamos como pudimos a pasos torpes de aletas dos tallas más grandes, con los cuerpos pesados y la respiración jadeante a través de las caretas empañadas. Hay que escupirlas. Las caretas. Fácil, cuando uno ya va mareado y con el estómago a reventar.

1,2,3… solo oigo mi respiración dentro del tubo. Inquieta, muevo las piernas mientras me adapto y de repente…. calma absoluta y otro universo ante mis ojos. Salí de mi zona de comodidad y encontré la magia.

Publicidad
Publicidad