En el margen peatonal de la quebrada La Sucia, casi al finalizar la loma de Los González en dirección a la Avenida El Poblado, un árbol de más de siete metros de altura crece sobre los restos de un muro de contención. Sus raíces están expuestas y las ramas superiores se entrelazan con el cableado de energía. “Esta situación la llevo denunciando desde 2024, hace ya dos años”, recuerda Diego Rúa, presidente de la Junta de Acción Comunal.
Según la Secretaría de Infraestructura de Medellín, existe un registro de 1.509 árboles en riesgo de caída, correspondientes a reportes recibidos entre 2025 y lo que va de 2026. La entidad afirma que, de ese total, 751 fueron intervenidos el año pasado y 254 en el transcurso de este.
Con corte al 9 de abril de 2026, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres (DAGRD) ha atendido 487 emergencias por lluvias. Las más frecuentes han sido incidentes con árboles (359 casos), seguidos por 67 inundaciones y 61 deslizamientos.

A mediados de marzo, Daniel Ruiz, coordinador del Sistema de Alertas Tempranas del Valle de Aburrá (SIATA), anunció que la primera temporada de lluvias comenzaría la tercera semana de marzo y se extendería hasta las dos primeras semanas de junio. Los momentos más críticos se esperan entre finales de abril y principios de mayo. Ante este panorama, surge la pregunta: ¿cómo debe prepararse la ciudad para mitigar el riesgo forestal?
Una ciudad construida de espaldas a la naturaleza
Para mitigar los riesgos, es necesario entender el por qué colapsan los árboles, más allá de su estado de salud. Mauricio Jaramillo, ingeniero forestal y referente en el tema en Medellín, explica que la inclinación es uno de los factores de vulnerabilidad que no está asociado necesariamente a la enfermedad o pudrición del tronco, ya que hay temporadas donde los vientos superan los 60 km/h y pueden tumbarlos. “Existen unas fórmulas para medir el riesgo de volcamiento de un árbol, pero no son muy precisas. Se pueden evaluar, hacer el seguimiento… Pero de pronto se cae primero uno que estaba derechito”, explica Jaramillo.
En casos como los que menciona el ingeniero forestal, entra otro factor de riesgo, asociado a la construcción de obras públicas de la ciudad. Por ejemplo, en la construcción de aceras o vías nuevas con bordillos, “hay que profundizar para hacer la contención de la acera y ahí es cuando se cortan raíces. Entonces, estás viendo el árbol muy lindo, con la vía bien conformada, con los bordillos bien hechos y las manguitas muy bonitas, pero ya hay muchas raíces que fueron cortadas y ahí está su susceptibilidad”, afirma Mauricio Jaramillo.
Otro de los ejemplos que expone Jaramillo, son los cordones verdes en las vías, como pasa en la Avenida El Poblado. Para la construcción de las vías se realizan las compactaciones necesarias conforme a los análisis estructurales del suelo y las cargas que va a recibir; por otro lado, “la zona verde es un cordón que no va a estar sujeto a presiones, pero como hay que “maquillarlo”—explica Jaramillo— le ponen la manga y le siembran el arbolito… pero nadie se fija en las condiciones naturales del suelo”.

Muchos árboles son sembrados sobre superficies pedregosas y arenosas que fueron rellenadas con tierra negra, pero no la suficiente para que las raíces se expandan y tengan de donde aferrarse; a diferencia de las zonas donde hay contenedores de aproximadamente dos metros por dos metros, con base en el manual del espacio público de Medellín, donde se indica cómo deben ser construidos estos contenedores para sostener los árboles.
Especies no nativas, otro factor de riesgo
Además, existe otra variable: “el módulo de elasticidad o módulo de rotura. Es decir, eso obedece a fuerzas y cargas que se le ejercen a las propiedades físicas y mecánicas de la madera de una especie. Entonces, hay que empezar a analizar en la ciudad cuáles especies son las que son más susceptibles de rotura o que su módulo de elasticidad sea muy corto”, explica el ingeniero.
Por ejemplo, la terminalia, conocida comúnmente como almendro, fue introducida en la ciudad hace 30 o 35 años —según Mauricio Jaramillo— cuando no se conocía su comportamiento. Jaramillo explica que son árboles de un solo tronco, que crecen tan alto y rápido que la fibra de la madera es muy larga. Cuando las fibras son muy largas, son muy susceptibles a romperse. Además, tienen poda natural; es decir, cuando llegan hasta cierta altura, la rama se muere y ella misma se cae sola.
La ciudad tiene varias especies que no son nativas y que fueron introducidas sin estudiarse sus condiciones, como el árbol del pan o el falso laurel que provienen de Asia. En palabras de Jaramillo, estamos viviendo las consecuencias de errores del pasado.
¿Cómo gestionar el riesgo de los errores del pasado?
En Medellín existe una aplicación llamada Sistema de Árbol Urbano, donde se encuentran registrados los árboles de la ciudad con sus características físicas, ubicación y las veces que han sido intervenidos, pero cuenta con la opción de que los ciudadanos registren reportes de árboles en riesgo. Sin embargo, es una alternativa que permite que los usuarios reconozcan los tipos de árboles que hay en sus barrios y, en caso de que exista riesgo de caída, tengan mayor información para reportarlo.
Marcela Ruíz, secretaria de Medio Ambiente, explica que esa aplicación también les sirve a los funcionarios para identificar y hacer una valoración de la salud y del estado de los árboles. “A partir de eso, iniciamos un proceso de poda técnica que no ponga en riesgo al árbol ni su salud. Cuando es una condición muy crítica, porque el árbol está enfermo o porque hay condiciones que comprometen el soporte y lo pone en riesgo de volcamiento, ya se procede a talar”, afirma la secretaria.
La Secretaría de Infraestructura es la encargada de hacer las intervenciones. Según respondieron para este medio, “el proceso de atención, dando cumplimiento a las medidas que emite la autoridad ambiental, incluye la evaluación de la fauna existente, la implementación del protocolo de ahuyentamiento y el trabajo social con la comunidad aledaña, incluida la mesa ambiental. Este proceso puede tardar entre 45 y 60 días, según las condiciones técnicas y sociales del caso”.
Sin embargo, en casos como el que se mencionó al inicio, en la loma de Los González en la quebrada La Sucia, se ha alertado desde hace dos años y no ha habido respuesta. Rúa ha reportado el caso con algunos de los ediles de la comuna 14 – El Poblado. “Nunca me han prestado la atención debida con relación a la cuestión de los árboles que están tendiendo de ciertas ramas, de las raíces y todas esas cosas. Es delicado. No me han parado bolas, no ayudan con el reporte de eso”, expone el presidente de la Junta de Acción Comunal.

El ingeniero forestal Mauricio Jaramillo, explica que atender tantas emergencias de caídas de árboles o con riesgo de caída, se vuelve un problema desde el punto de vista técnico y económico. Si bien existen factores de vulnerabilidad, a veces es impredecible por factores que no tienen que ver con el estado de salud, como se explicó anteriormente. En palabras de él, no alcanza el presupuesto, ni la mano de obra para atender tantos casos que se intensifican con la temporada de lluvias.
No obstante, como afirma la secretaria de Medio Ambiente “el reporte ciudadano es fundamental para nosotros. Que la ciudadanía, a través de la línea 123, reporte los casos en los que identifique un riesgo asociado a un árbol. Nosotros nos desplazamos hacia el lugar, hacemos la evaluación y tomamos medidas de manera preventiva”. También se puede informar al correo del Área Metropolitana [email protected] o marcando a la línea gratuita 01 8000 422 424.
Finalmente, Jaramillo sugiere estar atentos a las predicciones de lluvia del SIATA para programar el día, evitar salir durante las lluvias y estar atentos a los cambios que se perciban en los árboles de las zonas cercanas.





