“He pintado para que en mi país puedan mirar sin miedo…”. La frase, extraída de la información de archivo y de algunos textos que el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) y Celsia utilizaron para el libro Débora Arango. La pintora que incomoda, sirvió también para nombrar la exposición inmersiva que por estos días se puede apreciar en el museo sobre la artista: Mirar sin miedo.
“La frase sigue, pero nos pareció muy evocador de toda su obra y por eso la experiencia se llama de esa manera”, dice Rafael Tamayo Franco, director del MAMM, antes de explicar en qué consiste esta exposición que hace un recorrido por la vida de Débora Arango (Envigado 1907 – 2005).
El MAMM tiene 248 obras de la artista, entre pintura, grabados, dibujos, bocetos y cerámica. Por tanto, se hizo un proceso de selección, pero casi todas las obras estuvieron disponibles para ser animadas, reinterpretadas y difuminadas en la experiencia inmersiva que el público puede apreciar hasta el 25 de octubre.
“Se prepara un poco al espectador para que sea sensible desde el ingreso porque algunos paisajes, algunas obras tempranas se presentan como de contexto, pero son las obras de Débora las que nos están contando la historia desde su nacimiento hasta su muerte”, cuenta Tamayo.

Según el director, la exposición tiene un recorrido cronológico desde 1920 hasta veinte años después de su muerte y está dividido en diferentes momentos de la vida. En un primer momento es Antioquia en 1920, el tamaño de la ciudad, que para entonces era como un pueblo, los procesos de formación con sus maestros Eladio Vélez y Pedro Nel Gómez, pero también un poco el contexto de lo que en el mundo estaba pasando en el periodo de la Segunda Guerra Mundial y las tendencias artísticas.
“Luego vienen las primeras exposiciones que empiezan a generar escándalo. La exposición del Club Unión de 1939, que es un hito”, afirma Tamayo. Allí Débora recibió un premio, pero también críticas de personas que tacharon su obra de inmoral.
En 1940, invitada por Jorge Eliécer Gaitán (entonces ministro de Educación) para exponer su obra en el Teatro Colón, en Bogotá, también padeció la censura. “Todo este proceso de escándalo termina en que ella empieza a pintar asuntos políticos y de expresión social”, explica Tamayo.
Posteriormente se recluye en su casa en Casablanca, en Envigado, y hacia el final de su existencia, la primera gran exposición que se hizo en el país, la primera retrospectiva, la hizo el Museo de Arte Moderno de Medellín en 1984. Esta es la razón que impulsó a Débora Arango a declarar que donaba toda su obra al museo.
Y de ahí en adelante hubo más de 100 exposiciones individuales y colectivas que la experiencia inmersiva también relata. “La idea es que el observador pueda ver el proceso de creación, el rechazo, el escándalo, y luego pueda ver esta reivindicación del arte y de la figura de Débora, con un punto culmen en el 2016, cuando su imagen queda grabada en el billete de 2 mil pesos”, opina Tamayo.
VOLVER A MIRAR
Débora Arango en el Club Unión 1939: volver a mirar. Así se llama la exposición que, de la mano del MAMM, lleva de regreso a la artista al lugar en el que fue reconocida y rechazada a la vez.
Esta exposición tiene la mayor parte de las obras que presentó Débora en el concurso de pintura de 1939. “Inauguramos esa pequeña sala que es muy potente, con siete obras que se pueden apreciar hasta el 1 de noviembre”, dijo Tamayo.





