Hoy en día es común escuchar frases como “tengo un trauma”, “se me activó el TOC”, “tengo apego evitativo”, “es un narcisista”, entre otros. Conceptos que hasta hace poco pertenecían al lenguaje de la psicología clínica, hoy circulan en conversaciones cotidianas y se viralizan constantemente en redes sociales. Este fenómeno se conoce como therapy speak, y de entradapuede parecer positivo: estamos hablando de salud mental. Sin embargo, también trae riesgos y consecuencias negativas: al simplificar términos complejos, corremos el peligro de usarlos fuera de contexto, trivializarlos e incluso malinterpretarlos.
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El auge de la salud mental como tema de conversación pública, sumado al crecimiento de la psicología pop en las redes, ha hecho que conceptos clínicos se difundan a gran velocidad. Influencers, creadores de contenido y celebridades han adoptado términos de psicología como parte de su discurso con la intención de visibilizar sus propias luchas y/o conectar con sus seguidores.
El lado positivo:
Millones de personas le están dando un lugar a sus emociones, necesidades y dificultades, están haciéndose preguntas distintas y adquiriendo consciencia y responsabilidad para hacerse cargo de sí mismas. Y, sin duda, están hablando con más comodidad –o por lo menos sin tanto tabú- sobre salud mental. El autocuidado, los límites, y la responsabilidad afectiva aparecen en conversaciones cotidianas abriendo la puerta a que más personas busquen apoyo profesional.
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El problema aparece cuando este lenguaje se usa de manera superficial, distorsionada o descontextualizada: la plataforma PlushCare realizó un análisis de 500 videos etiquetados con #mentalhealthtips y #mentalhealthadvice y descubrió que el 84 % del contenido es engañoso. Otro estudio realizado por The Guardian reveló que más de la mitad de los videos más vistos sobre “salud mental” fueron calificados como inexactos o engañosos tras revisión profesional. Y como estos estudios: un montón más que llegan a la misma conclusión.
El fenómeno del autodiagnóstico en TikTok está ampliamente alimentado por información superficial o errónea, resultando esto en que la gente no distinga entre trastornos/patologías y vivencias comunes de todos los seres humanos. Por ejemplo, etiquetar cualquier suceso importante como trauma, o llamar narcisista a alguien que simplemente mostró egoísmo, reduce conceptos clínicos complejos a etiquetas reduccionistas y/o distorsionadas. Al manosear estos términos no solo se distorsiona la comprensión pública de la salud mental, sino que se corre el riesgo de invisibilizar el sufrimiento de quienes sí viven con un diagnóstico clínico. La saturación de este lenguaje lejos de ayudar, puede reforzar etiquetas limitantes, fomentar diagnósticos apresurados y/o erróneos y crear una ilusión de autoconocimiento que sustituye la reflexión profunda o el acompañamiento terapéutico.
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El therapy speak influye en cómo nos comunicamos con otros, en cómo nombramos nuestras emociones y en cómo entendemos las dinámicas de nuestras relaciones. Puede dar lugar a malentendidos (ej: “Me estás haciendo gaslighting” -cuando en realidad se trata de una diferencia de percepción-) o a que la persona pierda de vista la complejidad de los vínculos humanos al reducirlos a términos técnicos. Incluso, en algunos casos, puede alimentar una forma de autoindulgencia que evita la responsabilidad personal.
Los algoritmos no premian la profundidad sino la inmediatez: lo que se viraliza son consejos rápidos empaquetados en formatos llamativos diseñados para atrapar la atención más que para orientar con responsabilidad. La clave no es satanizar las redes sociales ni negar su capacidad de visibilizar la salud mental, sino aprender a consumir con criterio. Ser críticos implica preguntarnos: ¿quién habla?, ¿qué formación tiene?, ¿de dónde salen los datos? Recordemos que haber atravesado un trastorno no convierte automáticamente a alguien en terapeuta ni en autoridad para acompañar a otros. Y que ningún diagnóstico serio se obtiene a través de un “mini quiz” de TikTok ni con un listado de “3 señales para saber si tienes X”. Los diagnósticos requieren procesos clínicos rigurosos y evaluaciones profundas.
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