Para Colombia, el 31 de mayo de 2026 no es una fecha más en el calendario, es la oportunidad de ejercer el derecho más poderoso que tiene un ciudadano en democracia: elegir a quien dirigirá el destino de la nación durante los próximos cuatro años.
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Sin embargo, cada vez que se acerca ese momento, una tentación peligrosa recorre el ambiente: la de no ir, la del “para qué”, la del “todos son iguales”, la del cinismo cómodo que nos exime de responsabilidad, pero nos condena al silencio. La democracia no es un sistema perfecto, es, como dijo Churchill, el menos malo de todos los que se han inventado; pero tiene una virtud esencial: pone en manos del ciudadano común la decisión sobre el poder.
Colombia tiene una historia de abstención preocupante. En muchas elecciones presidenciales, más de la mitad del censo electoral no ejerce su voto; eso significa que ha habido presidentes que han llegado al poder con el respaldo de una minoría del electorado total. La consecuencia puede desencadenar un déficit de legitimidad que después se convierte en ingobernabilidad, polarización o desconfianza institucional.
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Así mismo, vivimos en la era de la desinformación, las redes sociales amplifican mentiras más rápido que las verdades, los algoritmos nos encierran en burbujas donde solo escuchamos lo que ya creemos. Algunas campañas invierten millones en crear narrativas emocionales que reemplazan los hechos por sensaciones y con tranquilidad se corre la línea ética, esa que nunca debe ser tocada.
Por eso votar bien no empieza en la urna, comienza desde antes, cuando decidimos hacernos las preguntas incómodas: ¿qué ha pasado con la salud en Colombia?, ¿cuántos millones de personas sin acceso real a atención oportuna?, ¿en qué estado está la educación?, ¿cuántos colegios se cierran anualmente?, ¿cómo es la calidad educativa de nuestro país?, ¿qué avances reales hay en seguridad? 35 masacres en Colombia en este año 2026, convirtiendo el primer trimestre en el más violento de la última década. Y, por último, pero no menos relevante ¿cuánto le cuesta la corrupción al presupuesto nacional? Un voto informado es un voto que le habla al futuro, no uno que reacciona al miedo del presente, porque los problemas reales exigen decisiones reales y votar es una de ellas.
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Ninguno de estos problemas se resuelve con un presidente mesiánico, ni se ignora votando por quien simplemente nos cae bien, o “es menos malo”. Se enfrentan con políticas públicas, con instituciones sólidas, con un Estado que funcione. Y el primer paso para construir ese país es elegir bien a quienes lo van a dirigir.
Así que el gesto sencillo y poderoso de ir el 31 de mayo a la mesa de votación y depositar un voto pensado, libre y consciente hará la diferencia. Es la afirmación de que creemos en Colombia, que no la abandonamos al pesimismo ni a la corrupción; que apostamos, con realismo, pero también con esperanza, a que este país puede ser mejor.
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Que cada colombiano llegue a su mesa de votación sin ser movido por el miedo, sin dejarse llevar por el odio al adversario, sin votar en contra de alguien sino a favor de algo. A favor de la salud que merecemos, de la educación que necesitamos, de la paz que tantos muertos ha dejado, de la transparencia que exigimos y del país que queremos construir juntos.
¡Colombia somos todos y el 31 de mayo, tenemos una cita con ella!





