Tiene una sensibilidad evidente que le permite emocionarse con lo simple, entender los deseos de sus estudiantes o incluso sentir lo mismo que aquellos que lo tienen cerca, incluso, a través de la pantalla del computador.
Daniel Chadwick llegó a Colombia luego de dejar los Estados Unidos y comenzar un viaje a través de los países de Suramérica.
“Estuve en Acapulco y en Bogotá y luego vine a Medellín. Cuando llegué hasta aquí me enamoré de inmediato y supe que había llegado a mi nuevo hogar. Y estaba en lo correcto porque llevo aquí 21 años y soy muy feliz. Me encanta ver el sol, el verde de la naturaleza y el espíritu amigable y colaborador de las personas. En todo este tiempo he ganado amigos maravillosos”.
Después de tomar la decisión de quedarse, supo que se dedicaría a las clases de inglés. Y lo supo de inmediato, no solo por su pasión, sino por su experiencia. Y es que además de enseñar a diferentes tipos de estudiantes, en Estados Unidos, durante varias décadas, estudió esta asignatura en la universidad y lo sigue haciendo.
“Soy muy apasionado y obsesionado con el inglés. Enseñar algo que me gusta tanto son un placer y una alegría absolutos”.
Quienes han estudiado con él o son padres de sus estudiantes lo definen como disciplinado, puntual, divertido, organizado y con intuición. Al preguntarle sobre esto último sonríe y explica.
“Aquí es donde se ven mis décadas de trabajo con los estudiantes. He sido terapista, profesor, asesor y supervisor en escuelas. También he trabajado con niños muy talentosos (denominados superdotados) y con aquellos que han tenido dificultades emocionales. Cuando soy profesor y estoy en mis clases uso ese conocimiento, especialmente para entender y apoyar a esos estudiantes que necesitan más compañía o apoyo emocional”.
“Escribo obras de teatro, cuentos, música y novelas cortas que tienen que ver con fantasía, terror o suspenso. Acabé de escribir una obra que será producida en Nueva York”. Mientras llega el momento de ver sus libros publicados y el estreno de su obra, sueña con llegar a más estudiantes y pasa sus días en ese barrio Oasis, de Envigado, que lo trata con amabilidad y donde disfruta ver a los vecinos conversar, en la calle, o a las familias reunirse.



