Paola María Gómez Alzate, en 2016, decidió dejar su exitosa y bien pagada carrera en un fondo de inversiones. “Profesionalmente no me podía quejar, pero sentía que Dios me pedía más, que debía dar testimonio de su amor preocupándome por el otro, y en ese otro, muy en especial, por los más indefensos, por los niños”, recuerda.
Su primer emprendimiento social ayudaba a niños con cáncer y a sus familias. En 2020, en plena pandemia , su apartamento de recién casada se convirtió en un call center . “Todo el día gestionaba y enviaba mercados” y una de esas llamadas le señaló otro rumbo. “Dijeron que llamaban de debajo del intercambio de la Madre Laura, en la Curva del Diablo, al lado del río Medellín, cerca de Moravia, y que había niños que estaban pasando hambre”. Preguntó cuántos eran y le dijeron que no sabían, pero que eran de 16 familias. “¿Niños?, ¿familias debajo de un puente?, ¿tantas?”.
Consiguió mercados y sintió que estos no debía mandarlos, sino llevarlos en persona. Han pasado seis años y Paola con su fundación (que hoy se llamar TransformaSión) manejan allí una cocina y un comedor para unas 60 personas; está buscando un local cercano, sin piso de tierra
ni paredes de tabla y plástico. “Lo necesitamos por razones sanitarias, de dignidad y porque de eso dependen más ayudas, incluidas oficiales”.
“Recibimos toda la ayuda posible para llegar a más niños. Somos transformasion.co, en Instagram y Facebook”
Pero la labor de Paola y su equipo no se quedó allí. Hace tres años alquiló una casona en La Aguacatala, donde con permiso del ICBF y los padres de familia alberga a 28 niños de ese
mismo sector del norte de Medellín. “Los tenemos entre semana para que vayan al colegio en el INEM y a la escuela Guillermo Echavarría, en el parque de El Poblado. Les damos alimentación y transporte, regresan a sus familias el fin de semana”.
Todo ha sido un reto, que Paola sabe resumir: “es como manejar la casa de uno, pero con 28 niños y responder a 28 familias. Los costos de servicios, alimentación, arriendo y transporte son los mismos, pero multiplicados por 28, más la nómina”.
Su meta inmediata es ofrecer esto mismo a más niños, “aquí caben hasta 40, pero solo podemos con 28” y tener un comedor con todas las de la ley, para lo cual busca convencer a más personas y empresas para que se sumen a esta causa, la de llevar un rayo de solidaridad hasta debajo de los puentes.
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