La comunidad educativa del Colegio Marymount está dando inicio a una etapa decisiva en su historia. Las obras estructurales que se llevan a cabo en el campus y sus alrededores no responden a retoques estéticos, sino a una transformación profunda en la forma de entender la enseñanza, el aprendizaje, la convivencia diaria y la salud emocional de sus estudiantes. Bajo la dirección de la rectora Catalina Guzmán, la institución avanza en tres pilares que persiguen un objetivo común: formar seres humanos integrales, empáticos y conectados con su entorno. Ante todo, buenas personas.
Steam Lab: la sinergia entre tecnología y pedagogía
El primero de estos grandes saltos es la construcción del STEAM Lab, calificado por las directivas como el hito arquitectónico y pedagógico más ambicioso que ha emprendido el colegio recientemente.
Tras años de implementar metodologías de aprendizaje del siglo XXI, donde la comunidad estudiantil es el centro de la construcción de su propio conocimiento, se hizo evidente que la infraestructura física debía reflejar esa misma filosofía de vanguardia.
“El STEAM Lab es un espacio donde vamos a tener integradas las ciencias, las matemáticas, el arte, la tecnología, la música y el movimiento. Todo lo que tiene que ver con el desarrollo del ser humano desde las distintas ramas del conocimiento”, explica Catalina.
La premisa de este ecosistema es ofrecer un abanico de posibilidades para que los estudiantes, desde los tres hasta los dieciocho años, descubran sus fortalezas.

Actualmente, el proyecto atraviesa su fase inicial. Serán entre dieciocho y veinte meses de construcción, un periodo de transición que el colegio asume con gran entusiasmo. Este proyecto trasciende los muros de la institución y dialoga con la ciudad. Conscientes de los enormes retos de movilidad que enfrenta la zona superior de El Poblado, un sector donde hoy coinciden diversas obras de infraestructura, el Marymount ha trazado un plan muy riguroso para mitigar su impacto vial.
“Somos muy juiciosos y esperamos siempre tener las cosas planeadas. La constructora hizo un análisis importante de nuestros movimientos, de cuáles son los momentos más álgidos del día para el transporte, y con base en eso hará su planeación para las intervenciones”, detalla la rectora.
A la par, se adelantan intensas campañas con los padres de familia para respetar los horarios y optimizar el uso de los parqueaderos. El colegio extiende una invitación a sus vecinos para que abracen este sueño colectivo, recordando que la educación es la base del desarrollo social de Medellín.
“La invitación es a desconectarnos para conectarnos con lo humano y estar presentes aquí y ahora”.
Catalina Guzmán – rectora.

¡A soltar el smartphone y hablarnos de frente! la invitación del Marymount
A la par de esta ambiciosa apuesta por la tecnología educativa, la institución ha asumido una postura firme y valiente en relación con los dispositivos personales: hoy, el Marymount se consolida como un campus libre de teléfonos celulares y audífonos inalámbricos.
“El Steam Lab está diseñado con un fin pedagógico guiado por los docentes. Aunque integramos la tecnología en la enseñanza, implementamos esta restricción porque los celulares no son fundamentales para las relaciones interpersonales, de hecho, en ocasiones, dificultan el relacionarse con el otro. Es indispensable desconectarse de las pantallas para reencontrarse con lo humano”, enfatiza la rectora Guzmán.
Esta política responde a un diagnóstico mundial claro sobre la salud mental y la pérdida de atención en los jóvenes. Alineados con más del 58 % de los países que han regulado estos aparatos en entornos escolares, el objetivo es contundente: habitar el presente. El reto cultural inicial es enorme, pero los resultados en las primeras semanas han sido francamente sorprendentes. Al retirar los dispositivos, no hubo que forzar a los estudiantes a socializar; la interacción resurgió con absoluta naturalidad. Los pasillos y zonas verdes se llenaron nuevamente de conversaciones cara a cara y miradas atentas. Frente a la inquietud de los padres por posibles emergencias (como sismos recientes), el colegio demostró que sus canales de comunicación institucionales son eficaces, manteniendo a las familias informadas en tiempo real sin necesidad de que los niños y jóvenes dependan de su celular.

Kiva: el modelo finlandés que promueve la sana convivencia en el Marymount
Finalmente, esta infraestructura de vanguardia para estudiantes más conscientes de su presente se complementan con un firme blindaje emocional, apoyado por el programa KiVa. El Marymount siempre ha sostenido que su proyecto educativo se cimienta en dos pilares inseparables: el ser y el saber; un equilibrio donde el intelecto y la formación académica son tan vitales como el desarrollo socioemocional. Buscando potenciar esa cultura del cuidado, promover el bienestar integral y formar estudiantes más conscientes, adoptaron este prestigioso modelo nacido en Finlandia y validado hoy en más de veinticinco países.
“No es que no hiciéramos nada antes, tenemos una cultura del cuidado muy bien planteada y unos protocolos exigidos por la Ley 1620, pero KiVa llega como un aliado para darnos más herramientas y decir claramente: en el campus del Marymount no se permite el acoso ni hacerle daño al otro”, enfatiza la rectora.
El programa trabaja desde la prevención, integrando permanentemente a las familias mediante la ‘Escuela de familias’ para que sepan cómo reaccionar en los hogares. La clave del éxito radica en intervenir a tiempo, evitando que un simple conflicto entre compañeros escale a un escenario de acoso sistemático.
Con espacios innovadores, un entorno libre de distracciones digitales y estrategias sólidas para cuidarse mutuamente, el Marymount demuestra que la educación integral no solo exige tecnología de punta, sino, por encima de todo, humanidad.




