Una mayor esperanza de vida, junto con los roles más desafiantes y diversos que las mujeres han asumido en nuestra sociedad, hacen que las preocupaciones asociadas a su salud sean de primer orden, lo cual es más pertinente cuando se acercan a la etapa que marca el comienzo del fin de la capacidad reproductiva.
“Habrá un final, pero no de nuestra vida productiva y saludable. Lo primero que debemos hacer es asumir esta nueva fase como lo que es: una condición fisiológica natural y no patológica; es más, obedece a los cambios que deben ser y que están programados para nuestros cuerpos”, comenta Andrea Mejía Ríos, coordinadora del programa de Ginecología y Obstetricia de la Universidad CES, y directora de la Unidad de Menopausia de la IPS Medicina Fetal.
Explica esta ginecóloga que, al superar los 40 años, “en algún momento, las mujeres empezamos a experimentar una deficiencia en la producción habitual de estrógenos, asociada a la reducción de la actividad ovárica y la producción de óvulos. No es un agotamiento total, es, más bien, una fluctuación en la generación de esos estrógenos”.
85 % de las mujeres mayores de 40 años no reciben atención médica específica (reporte OMS, 2024)
Como consecuencia, y en distintos grados que varían de mujer a mujer, se experimentan alteraciones ocasionales que más adelante, luego de los 51 años, corresponderán a síntomas menopáusicos, por esto, esta etapa previa se conoce como perimenopausia. “Ahí, como mujeres, empezamos a decir: no estoy durmiendo bien, estoy un poco más sensible, de vez en cuando me da un calor y me despierto en la noche, estoy ganando peso y se me hace más difícil que antes bajarlo”.
Está demostrado que esta deficiencia progresiva en la generación de estrógenos predispone a las mujeres mayores de 50 años a riesgos de enfermedad cardiovascular y osteoporosis. “También hay cambios en la parte cognitiva; nos cuesta mucho la concentración y la memoria de cosas muy inmediatas. La salud vaginal también se empieza a ver afectada por resequedad”, dice.
Al entender la perimenopausia como una etapa de transición, la doctora Mejía propone aprovecharla para prepararse de la mejor manera. “La actividad física es innegociable: necesitamos mantener y crecer nuestra masa muscular, que impacta en la calidad del hueso y nos da equilibrio, con ejercicios de fuerza y resistencia”.
9 millones de colombianas están en el rango de 45 a 50 años (ONG Casa de la Mujer).
Junto a lo anterior, en la alimentación debe empezar a ganar protagonismo el consumo de vegetales verdes y lácteos, fuente de calcio, “también el pescado y la exposición a la luz solar en la mañana y en la tarde. Todo esto ayuda a la protección de los huesos. La calidad del sueño y el manejo del estrés, con relaciones intra e interpersonales sanas, se tornan cruciales, como lo deben ser en ésta, en las anteriores y en las etapas venideras”.
Monitoreos saludables

Después de los 40 años, los controles médicos periódicos deben ser observados con especial celo por parte de las mujeres. “El envejecimiento es una etapa más de la vida y debemos procurar porque sea también una etapa saludable. Con los buenos hábitos, también deben practicarse con juicio los exámenes médicos recomendados para la detección temprana de eventuales dolencias, como mamografía, ecografía transvaginal, citología y exámenes de laboratorio, que permiten monitorear nuestro perfil de riesgo cardiovascular y posibilitan la detección temprana de ciertos tipos de cáncer como el de seno, útero y cuello uterino”, asegura la ginecóloga Andrea Mejía Ríos.





