Ella estaba parada frente al Edificio Coltejer, que en ese entonces era el más alto de Medellín. Observó uno por uno sus más de 30 pisos. Suspiró… y, en un dos por tres, solo se escucharon sus tacones alejándose mientras huía del temor que crecía en su pecho.
Esa es una de las primeras imágenes que recuerda Ana Carlota Isaza, cuando empezó a trabajar como vendedora de seguros en Sura en 1974. Hoy se ríe y lo cuenta como una anécdota más de aquellos días en los que aprendía del negocio y se paralizaba en el intento.
Carlota Isaza es una de las mujeres pioneras, junto a su familia, de la venta de seguros en Medellín. De construir una familia con su esposo Sigilberto Vallejo y cuidar de sus siete hijos, pasó a proteger el patrimonio y el futuro de algunas familias de la ciudad.
“Mi vida se partió en dos. Me casé apenas salí del colegio, tuve dos hombres y cinco mujeres y estaba en mi casa muy tranquila como ama de casa”, recuerda Carlota.
Pero cuando tenía 38 años, su hermano Bernardo Isaza, quien ya trabajaba en Sura desde 1972, la animó a entrar en el negocio y le agendó una entrevista con Carlos Alberto Ramos, uno de los supervisores de venta de la compañía.
El lunes 3 de junio de 1974, Carlota firmó el contrato que la convirtió oficialmente en agente de seguros. Hoy, más de 50 años después, ese papel redactado en máquina de escribir permanece intacto en una carpeta que es testigo de su trayectoria.

A partir de ese momento, Carlota pasó los días estudiando y leyendo sobre seguros. Mientras tanto, su madre Ligia Lotero, le ayudaba a cuidar de sus hijos más pequeños, entre ellos Natalia Vallejo Isaza, la menor, que en ese entonces tenía 4 años. Su esposo, sus hijos y su familia la apoyaron en ese nuevo camino que duró 40 años. “Fue muy bonito porque me dieron un espacio para hacer cosas por mi propia cuenta”, afirma Carlota.
Hubo un tiempo en que su casa se volvió también su oficina. Allí se amontonaban los archivos, las facturas y los papeles de sus clientes. Las jornadas de trabajo se alargaban. “Cuando estaba sardina, yo llegaba de rumbear, y veía que mi mamá todavía estaba en la oficina”, recuerda Natalia. Esa nueva dinámica hizo que su familia se involucrara también en el negocio, y así, junto a su esposo, sus hijas Natalia y Marina, y su hijo Andrés conformaron la empresa Vallejo Isaza Asesores en seguros.
Durante su trayectoria, Nicanor Restrepo, presidente de Sura entre 1984 y 2004, le pidió a Carlota que se encargara de sus seguros. “Entre tantos asesores que éramos, por ahí 25.000 en todo en todo el país y que el presidente de la compañía me llamara, me hizo muy feliz”, cuenta con entusiasmo.
Ana Carlota Isaza se jubiló y se retiró de Sura hace doce años, pero conserva cada hoja, carta y factura de nómina de aquellos tiempos en que, como lo relata, su vida se partió en dos. El primero de octubre de 2026 cumple 90 años, pero la empresa y su legado continúan con sus hijos. “Le digo a mi mamá que para nosotros es muy difícil llegar a sus tobillos porque dejó un listón muy alto”, afirma Natalia.

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