Nos enseñan a hablar casi desde la cuna. Y es tal la emoción familiar alrededor del acto del lenguaje, que parece olvidarse por completo que la escucha es la otra gran habilidad comunicacional que debe enseñarse y entrenarse.
Aprender a hablar es entonces, y por supuesto, necesario, pero a la vez insuficiente para hacer posible una comunicación completa. Debe ser por eso que el gran Gadamer reflexionó acerca de nuestra sordera, de nuestra incapacidad para el diálogo. Tendría que existir también un método y una didáctica para crecer de manera más pareja entre el arte de hablar y el arte de escuchar.
Para todos es realmente difícil dejar quieto nuestro pensamiento para escuchar al otro con todos los sentidos y no perderse nada. Tendríamos que ser capaces de auto controlarnos y dejar la elaboración mental para un momento posterior, de manera que, con nuestros pensamientos, no estemos compitiendo con lo que nos quieren decir. Porque ese momento es único e irrepetible para poder escuchar con atención y ponernos en disposición para el entendimiento.
Puede parecer un tanto raro decirlo, pero incurrimos en un gesto violento cuando damos rienda suelta a nuestros libres pensamientos en un momento inoportuno, cuando, más bien, deberíamos estar atentos a escuchar. Debe ser por eso que contestamos a toda velocidad a lo que se nos pregunta, porque suponemos que responder rápido es un acto de viveza, agilidad, inteligencia. Parece que tuviéramos miedo al silencio, al pensar reposado y responsable. Es a lo mejor por eso que nos equivocamos tan fácil al juzgar, al valorar, al decidir con prejuicios automáticos. En ese caso, la virtud estaría más del lado de la lentitud.
- OIR es la simple recepción de ondas sonoras por el oído; es un proceso fisiológico involuntario y no requiere ningún esfuerzo mental.
- ESCUCHAR es una habilidad cognitiva y a la vez voluntaria. Es un proceso que requiere prestar atención a lo que se oye, procesarlo, interpretarlo y darle un significado.
Podemos oír y, sin embargo, no escuchar y, por tanto, tampoco entender ni comprender. Y, en verdad, escuchar no es una tarea fácil dada la complejidad de los procesos interpretativos mediados por muchas especificidades como la cultura, la edad, las creencias, la situación social, la historia personal. Se necesita paciencia y persistencia.
Oír es fácil, pero escuchar requiere entrenamiento especial y nos prepara para ser mejores seres humanos, más sensibles, responsables y delicados; y si agregamos que la cultura es una red de conversaciones, comprendemos que ser culto es también preocuparse por afinar la escucha.




