Por: Perla Toro.
La poesía lo advierte: “El futuro se acerca, despacio, pero viene”. Mario Benedetti. Un pensador de la tecnología al que admiro suele decir: “El futuro siempre es algo que llega despacio”. Se trata de Genís Roca, un catalán que, además, suele mirar el tiempo con los ojos de un arqueólogo, un enfoque que le permite comerse los años a cucharadas.
Tiene razón. El futuro, aunque es algo que suele sorprendernos, no llega de golpe como un rayo. Por el contrario, y sin la mínima idea de simular a los budistas, se va construyendo segundo a segundo, casi sin que nos demos cuenta.
Hace un par de semanas, mientras recorríamos la ruta que desde Medellín nos lleva a nuestra casa, mi esposo me preguntó: “¿No te parece que el mundo de hoy es completamente diferente al de hace 10 años?”. Le contesté que sí con una obviedad que se dejaba ver entre los ojos y la parte baja de la boca.
Fue entonces cuando comenzamos a hablar de inteligencia artificial, de desinformación y de la crisis de la democracia moderna, algunos de los temas que más le obsesionan a ese tercer ente que habita entre los dos y que llamamos pareja.
La inteligencia artificial nos sorprende todos los días, pero llegar a este punto está lejos de la ilusión de un cambio repentino. La IA, como las grandes revoluciones, se cocinó a fuego lento. Vimos pasar por su pasarela la explosión de los datos y la pérdida de la privacidad, el aumento masivo de la potencia de cálculo y las megacomputadoras, los avances algorítmicos, la nube, la web social y la inversión comercial, solo por contar algunas cosas.
De la mano de estos cambios tecnológicos llegó la democratización del contenido y la reducción de las barreras técnicas. También los cambios en la economía que trajeron las plataformas digitales, entre ellos la perdida de atención y el incentivo para poner el ojo en lo sensacionalista, además de la erosión de la confianza, un cóctel de factores y hervidero de sesgos que trae como consecuencia la desinformación.
Y con la desinformación llegó la polarización que, sumada a la idea de un mundo globalizado donde se desdibujaron las fronteras, la desigualdad económica, la corrupción, el auge del populismo y el autoritarismo, y los cambios geopolíticos, engendraron las democracias que hoy tenemos. Genis también dice que nuestra idea de democracia se cimentó en la revolución industrial y que vivimos desde hace años una revolución digital con la misma democracia de hace casi tres siglos.
Todos estos cambios han llegado despacio, casi que gateando como un niño. Todos nos recuerdan el peso del presente y de las decisiones que tomamos, ya sea como individuos o como colectivos, en cada instante. Aun así, si de algo vivimos alejados es del presente.
Desde una perspectiva poética, porque ¿qué sería el mundo sin la poesía?, Mario Benedetti nos lo recuerda: “Lento pero viene / el futuro se acerca despacio pero viene / hoy está más allá de las nubes que elige / y más allá del trueno y de la tierra firme / demorándose viene cual flor desconfiada / que vigila al sol sin preguntarle nada / iluminando viene las últimas ventanas / lento pero viene / el futuro se acerca despacio pero viene / ya se va acercando nunca tiene prisa”.
¿Qué estamos esperando entonces para verlo?




