Los resultados de PISA que la OCDE publicó en septiembre de 2026, correspondientes a la prueba aplicada en 2025, confirman lo que es un secreto a voces: Colombia no avanza. Los resultados muestran que los jóvenes de 15 años obtuvieron 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias, frente a promedios de la OCDE de 463, 461 y 482, lo que evidencia que, definitivamente, el país está lejos de los mejores resultados.
La comparación con las mediciones anteriores es concluyente, en 2018 Colombia registró 391 en matemáticas y 412 en lectura; en 2022, 383 y 409. Hoy está diez puntos por debajo en matemáticas y trece en lectura. Solo las ciencias se sostienen, con un punto más que en 2018. Los últimos cinco años no trajeron la recuperación que se esperaba tras la pandemia y la propia OCDE califica los resultados de 2025 como similares a los de 2022, es decir, estancados, con matemáticas y lectura en su nivel más bajo desde 2018.
Lo preocupante de estos resultados es que estás áreas del conocimiento son la base para desarrollar un aprendizaje significativo en los niños y jóvenes del país.
Desde el mundo matemático significa ir más allá de dominar números y operaciones, porque desarrolla la manera misma en que se piensa. Al resolver problemas, los estudiantes aprenden a observar, identificar patrones, formular hipótesis, argumentar con lógica y comprobar sus conclusiones, habilidades que luego se trasladan a la lectura crítica, las ciencias, la tecnología, el arte y la toma de decisiones cotidianas. Por eso son un lenguaje universal y una base sobre la cual se construyen otros saberes; quien aprende a razonar matemáticamente desde temprana edad adquiere una herramienta para comprender el mundo, cuestionarlo y seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida.
Por otro lado, aprender a leer bien, que implica hacer un ejercicio de comprensión de ideas, es una de las capacidades más determinantes en la vida de una persona, porque de ella depende casi todo lo demás que se aprende. La lectura comprensiva amplía el vocabulario, fortalece la atención y la memoria, y abre la puerta a las demás áreas del conocimiento, porque quien no entiende lo que lee también se equivoca por igual en matemáticas, ciencias o música. Además, leer desarrolla la imaginación y la empatía, pues permite ponerse en el lugar de otros y conocer realidades distintas a la propia.
Estas cifras mencionadas anteriormente, son apenas la punta del iceberg de lo que está sucediendo en el país, debajo de esta “noticia muy preocupante” para quienes vemos en la educación el motor del desarrollo, hay un sistema que sigue enseñando para cumplir requisitos y no para la vida. En general, se llenan horarios con materias desconectadas de la realidad, que se enseñan porque hay unos lineamientos curriculares que se deben seguir, mientras PISA evalúa justamente lo contrario, la capacidad de usar lo aprendido para resolver problemas reales.
Colombia necesita reformas de fondo porque se necesita una educación centrada en competencias y habilidades para la vida que le permita a los estudiantes pensar críticamente, comunicarse, trabajar con otros, aprender a aprender… Así mismo, se deben fortalecer las habilidades socioemocionales, porque se requieren estudiantes más conscientes de su ser, capaces de construir relaciones sanas consigo mismo, con los demás y con su entorno.
Pero esto no sucede sin los maestros, y aquí se debe por un énfasis especial en la formación que reciben, la cual debe estar alineada con lo que Colombia necesita, porque es la inversión más rentable que se puede hacer, un maestro bien formado en pedagogía, didáctica y su saber, además, apasionado por sus estudiantes y valorado socialmente, transforma vidas y territorios.
A este panorama se suman deudas conocidas en el país como lo son la infraestructura digna y la conectividad real, sobre todo en la ruralidad donde miles de niños estudian todavía en condiciones que harían difícil el aprendizaje para cualquiera. La educación no puede seguir siendo vista como la cenicienta de las prioridades nacionales, hay que darle el valor que tiene, como lo hacen los países desarrollados, que la entienden como la gran movilizadora social, la herramienta que rompe la herencia de la pobreza y sostiene la productividad, la democracia y la convivencia.
Si Colombia no voltea su mirada hacia la educación, será muy difícil que se avance como sociedad, pero esa mirada debe ser en 360º, como un ciclo que comienza en la primera infancia, donde se forman las bases del lenguaje, el pensamiento y el afecto. Continúa en la básica y la media, y se proyecta en las carreras técnicas, tecnológicas y profesionales; porque fortalecer un eslabón y descuidar los demás es repetir el error.
PISA volverá en unos años, lo que importa no es el puesto en el que quede Colombia, sino que para entonces se haya tenido el valor de comenzar a cambiar lo que hay debajo de la punta del iceberg.




