Después del movimiento, después del miedo, después de la angustia y la ansiedad sostenidas día y noche, después, no el día después, ni los días inmediatos después, aún las semanas y los meses después, ¿cómo podemos sostenernos cuando el suelo ya no se siente firme, cuando la impermanencia se asomó a la puerta y la atravesó sin pedir permiso, sin avisar?
¿Cómo recomponer los pedazos de esta tierra fracturada, que también es nuestro propio cuerpo, nuestra alma? ¿Cómo seguir, cuando el dolor es palpable en el vecino, en el familiar, en el amigo del amigo, en el desconocido que es como tú o cómo yo?
Pensando en qué escribir en estos momentos, a un mes del 10 de agosto que sacudió al país; y que hizo absolutamente visible no sólo las grietas de la tierra y las paredes, sino la inequidad, el olvido, el abandono y esa brecha inmensa entre los territorios y las comunidades más empobrecidas del país. Me pregunto cómo seguir igual, impávida ante el dolor del otro, como si nada hubiese pasado, y a la vez me pregunto: ¿cómo ser útil?
No tengo la respuesta, y creo que al final tampoco se trata de tener una sola respuesta, se trata de hacernos preguntas, también cuestionar (nos), dejar el “calladita se ve más bonita” para hacer visible lo que, a veces, en medio del privilegio, nos nubla la empatía, como dice Ita María.
Claramente escribo desde un lugar privilegiado, tengo electricidad, un techo, mi familia está completa, mis recuerdos intactos, mis rutinas son las mismas, tengo acceso al sistema de salud, tengo todo lo que deberíamos tener todos. Y sin embargo, somos un puñado chiquito los que vivimos en un mundo de privilegios, no me refiero a ostentaciones y riquezas, sino al acceso a las condiciones básicas que empiezan por no sentir hambre y tener una cama para descansar.
En fin, estas palabras posiblemente no recomponen los pedazos, pero me es necesario escribirlas y pensar que son los pensamientos en voz alta de los últimos días, de las últimas semanas, y tal vez de hace algunos años, que no había puesto en letras, pero que ya es imposible dejarlos de lado.
¿Cómo seguir?, ¿cómo juntar esos pedacitos? Ya no es posible cambiar la dirección de la mirada.




