Por: Catalina Isabel Ortiz
Las emergencias no son el momento para improvisar. Vale la pena mirar los terremotos, incendios e inundaciones que hemos visto recientemente para preguntarnos si en el lugar donde vivimos estamos realmente preparados para responder cuando ocurra una emergencia y si contamos con un Plan de Gestión del Riesgo. Esto nos debería llevar a poner el tema en las Asambleas de Copropietarios para que este plan se diseñe, se ponga en marcha y se haga seguimiento. Más allá de cumplir una norma se trata de cuidar la vida, pues la prevención también se administra.
Hace unos meses en el edificio donde vivo tuvimos una emergencia, la quebrada se desbordó e inundó todos los sótanos. Teníamos carros, bicicletas, motos y todo eso que guardamos en el cuarto útil. Como los sótanos estaban llenos de agua, era necesario dar aviso para que los residentes no bajaran a ese lugar, no usaran el ascensor y además no depositaran la basura en el ducto de desechos. Cada una de estas y otras medidas se fueron estableciendo sobre la marcha, pues no había claridad sobre qué hacer y cómo hacerlo.
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La experiencia dejó una conclusión: contar con un plan es vital. Su construcción, actualización y divulgación, así como promover simulacros con la comunidad, son responsabilidad del Representante Legal y el Consejo de Administración.
Cuando ocurre una emergencia: incendios, sismo, inundación, una fuga de gas o hasta una urgencia médica, los minutos iniciales son claves. Si la copropiedad no sabe qué hacer, no cuenta con un protocolo y quienes la habitan no conocen por dónde evacuar, el riesgo aumenta para las personas y el patrimonio. El mayor riesgo muchas veces no es la emergencia en sí, sino la improvisación con la que intentamos enfrentarla.
El plan se vuelve entonces fundamental para que tanto empleados, residentes y administración reconozcan cuál es su papel antes, durante y después de la crisis. Por ejemplo, en medio de la situación de mi edificio, terminé ayudando a redactar mensajes que la administración envió a los residentes, pues fue ahí donde entendí que, además de resolver la emergencia, era clave mantener a la comunidad informada.
Quizás la mejor manera de saber si tu edificio está preparado, es hacerte estas preguntas sencillas: ¿Conoces cuáles son los principales riesgos del edificio?, ¿todos los residentes y trabajadores saben cómo evacuar?, ¿existe una brigada capacitada? y ¿cuándo fue el último simulacro? Si no conoces estas respuestas, este es el momento para involucrarte, preguntar y participar.
Los eventos naturales van a seguir existiendo y ojalá nunca tengamos que poner en práctica nuestro plan de emergencia. Prepararnos desde ahora sí está en nuestras manos.




