Debajo de las grandes unidades residenciales y de las amplias vías de El Poblado corre una red de agua que hoy está bajo presión. En esta comuna se extienden 61,7 kilómetros de quebradas, hilos de agua y otras corrientes, pero la urbanización acelerada, la inclinación del terreno y lluvias cada vez más intensas han elevado el riesgo cuando aumentan los aguaceros.
Pero la pregunta no es solo cuánta agua tiene El Poblado, sino en qué estado corre. En entrevista con Vivir en El Poblado, la secretaria de Medio Ambiente, Marcela Ruiz, explicó que, con base en la cartografía oficial vigente -el Plan de Ordenamiento Territorial del 2014-, el 53 % de esa red, es decir 32,6 kilómetros, está en cauce natural; el 13 %, equivalente a 8,1 kilómetros, va por canal abierto en concreto; y el 34 %, unos 21 kilómetros, discurre en estructuras no visibles desde la superficie, bajo vías u otras coberturas.
Por su parte, Luis Javier Montoya, profesor de la Universidad de Medellín y líder del grupo de investigación en Calidad del Agua y Modelación Hídrica, explicó que quebradas como La Presidenta, La Poblada y La Zúñiga nacen en la ladera oriental del Valle de Aburrá y bajan con alta pendiente hasta desembocar en el río Medellín.
Sobre esa ladera empinada se instaló un proceso de urbanización intenso. Según Montoya, “las áreas que antes eran zonas verdes se han convertido en zonas urbanizadas y con calles muy rectas. Eso genera que el pavimento se impermeabilice y que cuando llueve una gran cantidad del agua corra muy rápidamente hacia las quebradas”, lo que se traduce en caudales pico más altos y crecientes más rápidas.
Pero este no es el único problema. según explicó la Secretaria de Ambiente, los procesos constructivos y las explanaciones en partes altas, sumados a aumentos en la precipitación, hacen que se transporte “mucho sedimento y rocas a los cauces de las quebradas”, que se van acumulando en los tramos más planos y pueden terminar afectando el flujo del agua, en especial donde ya hay canales y obras hidráulicas, si esos materiales no se retiran con frecuencia.
A la presión de la pendiente y la urbanización se suma la de los cauces ocultos y el drenaje subterráneo. Más de un tercio de los 61,7 kilómetros de corrientes de la comuna viajan bajo estructuras no visibles, lo que implica una interacción constante entre quebradas canalizadas y el sistema de alcantarillado pluvial, con colectores, sumideros y aliviaderos que descargan aguas lluvias en las corrientes naturales.
Al respecto, Montoya explicó que superficies como el asfalto de las calles y los parqueaderos son “totalmente impermeables”, de manera que toda el agua que cae allí se recoge rápido por las cunetas y rejillas y va al alcantarillado pluvial, concentrando grandes volúmenes en poco tiempo en las quebradas aguas abajo.
En este contexto, el tiempo disponible para reaccionar es mínimo. El coordinador general del Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Área Metropolitana (Siata), Daniel Ruiz Carrascal, explicó que en el territorio metropolitano hay cuencas hidrográficas con “respuestas del orden de 10 a 25 minutos” entre un evento de precipitación intenso y el pico de la creciente.
Ruiz señaló que esas respuestas tan rápidas son frecuentes en cuencas con alta pendiente, áreas de drenaje reducidas y canales artificiales, donde se ha “acelerado el nivel del desflujo” y, además, la sección de los cauces está condicionada por obras rígidas que fueron diseñadas para otros escenarios de lluvia.
El episodio del pasado 28 de enero mostró cómo se cruzan esos factores en El Poblado. Ruiz contó que en la cuenca de La Presidenta, “en tan solo unos 45 a 50 minutos se presentó un evento de precipitación que superó el 100 % de lo que yo espero en el mes de enero”. En la glorieta de Monterrey, añadió, la corriente se salió del canal.
La Secretaria de Medio Ambiente reconoció un rezago histórico de inversión. Sin embargo, resaltó que en este plan de desarrollo se han destinado “cerca de 2.200 millones de pesos” para recuperar puntos críticos en La Presidenta, La Marucha y La Poblada, además de “otros 900 millones de pesos” para mantenimiento hidráulico y remoción de materiales.
A su vez, explicó que el programa ‘Mi río, mis quebradas’ busca corregir años en los que “no se invirtió con suficiencia” en obras hidráulicas y mantenimiento, y que el Distrito planea apoyarse en dos nuevos planes maestros —de gestión integral del río y las quebradas y de drenaje sostenible— para obligar a las futuras administraciones a sostener esa inversión.
Mientras tanto, el clima añade otra capa de presión. Con base en 50 estaciones pluviométricas en Medellín, el Siata calculó que en enero y febrero se registró un acumulado de lluvias de 184 % y 104 % (respectivamente) por encima de lo que esperan en esos meses en condiciones normales. Aunque la próxima temporada podría llegar con valores cercanos a la normalidad, porque ya no habrá condiciones del fenómeno de La Niña, lo hará sobre suelos y cuencas ya cargados de agua.
¿Está El Poblado listo para evitar o actuar frente a inundaciones? Se lo contamos en la próxima entrega de este especial.
URBANIZACIÓN, PENDIENTE Y PAVIMENTO, LA FÓRMULA DE RIESGO
La presión sobre la red hídrica de El Poblado no depende solo de la lluvia: también influyen la urbanización intensa y la alta pendiente, que aceleran el descenso del agua. Hasta febrero de 2026, La Presidenta registró 18 aumentos de nivel asociados a riesgo de inundación. Siete fueron alertas naranjas y once, alertas rojas.





