Colombia todavía es un país joven, pero la diferencia entre su población infantil y la mayor se reduce con rapidez. Este año hay 70,21 personas mayores de 60 años por cada 100 menores de 15. En 2036, la relación se invertiría: habría cerca de 104 mayores por cada 100 menores. Las cifras fueron presentadas por la demógrafa y exdirectora del DANE Piedad Urdinola durante el foro Economía plateada en Colombia, realizado por la Universidad EIA el pasado 21 de abril.
Pero más que una preocupación, esta transformación demanda cambios estructurales en la educación, el mercado laboral, el sistema de cuidados y la protección económica para la vejez. De manera que el desafío no consiste únicamente en atender a una población que vivirá más, sino en evitar que esos años adicionales transcurran entre la informalidad, la dependencia y la exclusión productiva.
Para Moisés Briñez, director de posgrados de la Tech Business School de la EIA, el primer giro debe ocurrir en las aulas, pues “la economía plateada exige universidades en las que las personas puedan regresar varias veces para actualizarse, puedan cambiar de profesión, emprender, comenzar una nueva etapa laboral y seguir formándose, pero no bajo la oferta académica lineal que tenemos actualmente en el país”, sostiene.
El interés por este tipo de formación ya es evidente. Ruta N lanzó Horizonte Senior, un programa piloto para formar a personas mayores de 45 años en analítica de datos, inteligencia artificial y habilidades socioemocionales y recibió 1.100 solicitudes en dos semanas. La Cámara de Comercio de Bogotá, por su parte, lanzó en marzo el Clúster de Economía Plateada para impulsar negocios.
Briñez insiste en que prolongar la vida productiva no debe reducirse al debate sobre si las personas mayores deben ceder sus puestos de trabajo a las nuevas generaciones. A su juicio, esa idea parte de una visión equivocada del mercado laboral: “Esto se conoce como la falacia de la cantidad fija de trabajo, pero cuando aumenta la productividad se crean empresas, aparecen nuevos mercados y, por supuesto, también crece el empleo disponible en Colombia”, asegura.
Para él, el país debe desarrollar un modelo económico que permita la complementariedad intergeneracional. Esa transición podría apoyarse en esquemas de jubilación gradual, empleos de tiempo parcial, consultorías por proyectos y mentorías remuneradas, en los que la experiencia acumulada complemente los conocimientos de quienes apenas ingresan al mercado laboral.
El cambio también tendría que llegar a las universidades. Briñez propone currículos más flexibles. Entre las alternativas menciona las microcredenciales, la homologación posterior de esos estudios en programas formales y la validación académica de competencias adquiridas durante años de experiencia profesional.
Finalmente, Briñez considera que estas medidas no deberían avanzar de manera aislada. Por eso señala la necesidad de implementar una estrategia nacional de longevidad productiva, que esté dentro del Plan Nacional de Desarrollo.




