Con becas logró hacer su carrera musical y hoy se presenta en los teatros de Madrid

La soprano Mariana Isaza vuelve a Medellín para protagonizar Los gavilanes, en la misma sala donde decidió que el canto sería su vida: el Teatro Metropolitano.
Por: María Fernanda Zuluaga Gómez
26 julio, 2026
Mariana Isaza, Soprano, regresa a Medellín para protagonizar Los Gavilanes. Fotografía: cortesía Mariana Isaza.

Mariana Isaza cursaba sexto semestre de Música en la Universidad Eafit cuando recibió una llamada que cambió el curso de su vida. Se arrodilló en la entrada del bloque donde estudiaba y lloró con la emoción con que aún hoy recuerda ese día: un empresario le anunció por teléfono que una fundación cubriría el dinero que le faltaba para estudiar canto en Barcelona. 

Pero su historia empezó muchos años atrás. Su formación comenzó con una oportunidad gratuita. A los siete años, cantó en el coro de la iglesia de San Javier y, poco después, su madre la inscribió en la Red de Escuelas de Música de Medellín. Allí aprendió a tocar el violín y pasó su infancia entre ensayos de orquesta y coro. 

Al salir del colegio ingresó a Ingeniería de Petróleos en la Universidad Nacional y, a la par, estudió música en la Universidad de Antioquia. Unos semestres más tarde, cambió la ingeniería por Arquitectura, pero las necesidades familiares la sacaron de las aulas. A los 20 años, abandonó ambas carreras y empezó a trabajar en un almacén de zapatos en el centro de la ciudad.

Dos años después, un antiguo compañero la convenció de audicionar para un papel pequeño en una zarzuela de Prolírica de Antioquia. Le dieron el rol y, por fortuna, su jefe le permitió asistir a los ensayos en horas de la tarde. Así que todos los días (con el uniforme de la empresa) corría desde Junín hasta el Teatro Metropolitano. 

Ahí ocurrió el primer gran cambio en su vida. “Empezaron a hacer una escena en la que yo tenía que salir. Me paré ahí, me quedé en silencio, miré para el fondo del teatro y dije: ‘Esto es lo que yo quiero hacer toda mi vida’”, recuerda. 

Mariana no pudo volver a lo mismo. Renunció a su trabajo y con la plata de la liquidación se compró una enciclopedia de ópera, que su madre aún conserva como un tesoro. “Toda la familia me criticó. Mi mamá fue la única que se puso feliz, pero mi papá me preguntaba qué íbamos a hacer”, cuenta.

Posteriormente, la maestra Cecilia Espinosa consiguió que estudiara con beca completa en EAFIT. Isaza volvió a empezar a los 23 años y, para sostenerse y ayudar en su casa, vendía dulces, restauraba libros y daba clases. “Y yo a partir de ese momento empecé a soñar a ser una gran cantante de ópera, a irme del país porque sentía porque las grandes cantantes de ópera se formaban afuera”, dice. 

Convertir los obstáculos en oportunidades

Según Mariana, ella se “obsesionó” con ir a Rusia porque de allá era su referente musical, así que empezó a aprender ruso de forma autónoma en una página web. “A mí se me empezó a meter en la cabeza que yo a los 25 años me tenía que ir porque yo me sentía vieja”, relata. 

En el sexto semestre tenía la oportunidad de hacer un intercambio académico. Mandó solicitudes a varias universidades hasta que fue admitida en la Conservatori Liceu, en Barcelona. El único problema es que necesitaba 40 millones de pesos para poder irse a estudiar, pero ella buscó la manera de hacer su sueño realidad. 

Tocó las puertas de la Gobernación de Antioquia y allí le dieron tres millones de pesos. También pidió un préstamo condonable al Icetex y luego contactó a Juan Sebastián Betancur, expresidente de Proantioquia: “yo me fui con el currículum debajo del brazo. Me recibió, le conté mi historia y me dijo: ‘Ya los presupuestos para cultura se repartieron, pero déjeme yo hago unas averiguaciones porque usted se lo merece, yo la he escuchado cantar’. Yo me quedé pálida”, recuerda. 

Un día, caminando por el edificio de música, Isaza revisó los resultados del Icetex  en uno de los computadores públicos de la Eafit: le aprobaron el crédito. La noticia más grande llegó cinco minutos después: “Recibí una llamada y era Juan Sebastián para decirme que consiguió, con una asociación de Bogotá, 20 millones de pesos”, relata Mariana con lágrimas en su rostro. 

Con ese respaldo viajó al Conservatori del Liceu de Barcelona en 2013. “Fue la primera vez que pude estudiar sin preocuparme todos los días por cómo pagar la comida o el transporte. Sentí que lo trabajado servía para algo”, dice.

Un año después audicionó, casi por juego, para la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en Madrid. De cerca de cien aspirantes, solo diez avanzaron a la segunda prueba; Isaza y su amiga Viviana Rojas fueron las dos admitidas en la cátedra de canto. La Fundación Carolina financió esa etapa.

Pero antes de instalarse en Madrid, viajó a Medellín para terminar materias en la Eafit, hacer su recital de grado y hacer 200 horas de servicio social, exigidas por el Icetex para condonar el crédito. 

Lo que vino después no fue fácil. Dejó la Reina Sofía después de una experiencia pedagógica que, según relata, afectó su confianza y su voz: “Di con una profesora que se ensañó conmigo y me decía que yo no sabía cantar”, señala. 

Luego ingresó a la Escuela Superior de Canto de Madrid, pero tuvo que salir cuando el Ministerio de Educación homologó por completo su título colombiano. Finalmente, con apoyo económico de su entonces pareja, entre 2017 y 2019 cursó una maestría en Teatro y Artes Escénicas en la Universidad Complutense. 

Esa formación la llevó al Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro y en 2019 debutó como solista de zarzuela en el Teatro Victoria de Madrid, con La revoltosa

Desde entonces, ha construido su lugar en los escenarios españoles, mediante recomendaciones de personas que conocen su trabajo: “No tuve dinero para pagar concursos internacionales, viajar o buscar representantes. Mi profesión se desarrolló por el boca a boca, por las referencias y porque me fueron buscando. Ha habido temporadas de muchísimo trabajo y otras difíciles, pero seguí aquí”, afirma.

Ahora regresa al Teatro Metropolitano, ya no con el uniforme de una empresa ni para un papel breve, sino como protagonista de Los gavilanes. Es el retorno al lugar donde, dieciséis años atrás, decidió que su vida estaría sobre un escenario.

PRESENTACIONES EN MEDELLÍN

Los gavilanes
3 y 4 de septiembre, a las 8:00 p. m., en el Teatro Metropolitano. Mariana Isaza interpretará a Adriana, uno de los papeles principales de la zarzuela, en una producción de Prolírica de Antioquia. Clic aquí para ver las entradas.

Recital de canto y piano
22 de septiembre, en el Solar del Águila Descalza. Será una presentación para voz y piano, independiente de la temporada de zarzuela.

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