Desde su stand en la feria Expoartesano La Memoria (que tendrá programación hasta el próximo 19 de julio, Plaza Mayor Medellín), Sonia Mazo recuerda cuando su abuela le enseñó a tejer crochet; era apenas una niña. Las imágenes de aquellas tardes en Yarumal (Antioquia), donde nació y vivió hasta la juventud, vienen a menudo a su memoria. Su abuela la sentaba a tejer porque, en su familia, aprender aquel oficio no era una opción: era una tradición que había pasado de generación en generación desde la tatarabuela.
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Mientras los otros niños del barrio jugaban en la calle, ella contaba puntos y daba puntadas junto a su abuela en la sala de su casa. Al crecer llegó a cargar también con las burlas. Los demás niños le decían que ella era ‘una remendada’, y también se debió enfrentar a comentarios de quienes asociaban aquellas prendas hechas a mano con la pobreza. Es más, durante algún tiempo, Sonia creyó que el crochet era el peso de una herencia que no había elegido.

No obstante, nunca imaginó que aquello que un día quiso dejar atrás terminaría convirtiéndose en el lenguaje con el que hoy cuenta su historia de artesana. Seis generaciones después, las mismas manos que alguna vez tejieron por obligación crean joyas que parecen desafiar los límites del metal.
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Sonia no hace únicamente crochet. Su arte está presente en cada una de las piezas que comercializa Filcrochet, la empresa que creó junto a Juan Guillermo Espinosa, joyero y hoy su compañero de vida. Se trata de joyería tejida; y sí, están hechas en la técnica del crochet, pero su arte lo entrelaza con el hilo de la filigrana. Construye piezas inspiradas en la fauna, las flores y las costumbres colombianas. Cada obra nace de un diálogo entre la paciencia (representada en las técnicas que ejecuta), la memoria (que mantiene presente en la figura de su abuela y el arte que con amor le enseñó) y la imaginación (la de ella misma, la cual cree que no tiene límites).
Sonia sonríe cuando alguien entra al taller y le pregunta si ella hizo las piezas. “Sí, yo soy la artesana”, responde siempre con orgullo. Es la misma niña que alguna vez quiso escapar del crochet.
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