*Por: Lina M. López
Este Mundial ya nos ha traído encuentros que solo estaban en la ficción. La serie japonesa de dibujos animados Súpercampeones, ya había escenificado en uno de sus episodios, un partido Japón vs. Brasil en la final de un Mundial de Fútbol.
El encuentro de esta tarde entre Inglaterra y Noruega ya circula en redes (gracias al ingenio de los creadores y de la inteligencia artificial) como una escena de la popular serie Vikingos de Netflix (muy recomendada, un poco violenta, pero adictiva), serie en la cual los protegidos de Odin, luego de una dura travesía llegan a Inglaterra. Haaland y su distintivo peinado, ya es popular entre gatos, perros y cuanto personaje sea habitual en el mundo de la IA.
Precisamente Haaland y Odegard (Noruega) enfrentan a sus compañeros del City y Arsenal respectivamente (Guéhi y Stones por el City, y Rice y Saka por los del Norte de Londres).
Con toda seguridad no será una tarde para tomar el té. No habrá sanduchitos ni bizcochitos, ni mucho menos mermelada (ni la de ellos ni la de nosotros). Los noruegos han venido haciendo bien su trabajo y se han ganado el cariño de los aficionados a nivel mundial. La forma de alentar al equipo con los movimientos del remo llegó para quedarse.
Dos equipos con familias Reales, ambas con perfiles muy diferentes, pero con mucha juventud (al menos por parte de los sucesores al trono), que les ha dado un aire fresco a las monarquías acartonadas de hace algunos años y que se han hecho presentes en los estadios.
Por la forma en que ha jugado Noruega, ésta bien podría ser una semifinal anticipada.
En la segunda jornada, Suiza saldrá por un milagro ante Argentina. En condiciones normales, a mucha gente no nos gustaría que ganaran los de la tierra de los relojes (entre aficionados, es común que, si un equipo nos eliminó, queremos que ese equipo sea eliminado en la jornada siguiente). Pero por todo lo que ha venido rodeando la participación de Argentina, hoy será diferente. Nos duelen como propias las eliminaciones de Cabo Verde y de Egipto.
Y no es que neguemos que los argentinos sean talentosos, lo son. O que se rindan en algún momento, nunca lo hacen; divinamente podrían sustituir a Bruce Willis en la saga Duro de Matar. Pero ya está bien de tantas ayudas de parte de los árbitros, del doble estándar que se aplica cada que ellos juegan, cuando ante jugadas idénticas, para Argentina es falta a favor o gol anulado si es en contra; pero para el rival, ni siquiera existe la posibilidad de revisión.
El presidente de la FIFA debe dejar de celebrar como si fuera hincha furibundo los goles que anota la Albiceleste y por lo menos disimular su angustia cuando el gol es en su contra. Sobre el papel, ni siquiera la más sofisticada navaja suiza, la que tiene mayor cantidad de herramientas, podrá salvar al país que, paradójicamente es la sede del mayor órgano del fútbol mundial.
Pero los milagros existen y de pronto San Nicolás de Flüe, patrono de Suiza y de la Guardia Suiza Pontificia (esos de uniforme colorido encargados de custodiar al Papa en el Vaticano), intercede para que los helvéticos sigan con vida en este Mundial.
*FE DE ERRATAS: en la columna de ayer manifesté de manera errónea que el ganador de España – Bélgica jugaría con el ganador de Argentina-Suiza. En realidad, España enfrentará a Francia en una de las semifinales. La otra semifinal saldrá de los ganadores entre Inglaterra-Noruega y Argentina-Suiza.




