Luego de un estresante día de trabajo, encontré esta nota. Al parecer, alguien la había arrojado por debajo de la puerta. Decía:
“He esperado cierto tiempo para escribirte esta carta.
A lo mejor no me recuerdas tanto, o incluso habrás dudado de mi existencia, pero créeme cuando te digo que yo sigo a tu lado.
He estado presente en varios acontecimientos de tu vida:
cuando nacieron tus hijos, cuando por fin, después de tanto esfuerzo, te graduaste de tu carrera, o cuando conseguiste ese primer trabajo.
Te cuento que me encanta verte sonreír, me encanta cuando te despiertas con ánimo por las mañanas y cuando, gracias a tu esfuerzo, te va bien en lo que te propones.
Sufro cuando tienes los ánimos un poco bajos, pero me las ingenio para que te sientas mejor: combinando los colores de un hermoso atardecer, antojando a tu cerebro para que te comas un delicioso helado, o susurrándole a alguien especial al oído que te dé un fuerte abrazo…
Mi mayor anhelo es que me recuerdes siempre, porque estoy a tu lado, aunque, en ocasiones, la oscuridad no te deje verme. Búscame, que de alguna manera yo te encontraré.
Con amor,
La Esperanza”.
Esta nota apareció varios días después de que la Ansiedad también se hubiera puesto en contacto conmigo…
Desde entonces, he venido realizando mis ejercicios de respiración, mi oración en la mañana, miro al cielo con mayor frecuencia, agradezco por lo que tengo, saboreo más las notas amargas del café de la tarde…
Curiosamente, la Esperanza apareció después de haber dado esos simples pasos…




