Los residuos que dejan las obras y demoliciones ya no tienen que terminar en una escombrera. Al menos, esa es la apuesta que presentó el Grupo EPM durante una visita técnica a la planta de Reciclados Industriales de Colombia, RIC, ubicada en Girardota, donde estos materiales son transformados en bases, subbases, arenas y otros agregados que pueden volver a usarse en infraestructura.
Según EPM, RIC tiene capacidad para procesar hasta 1.000 toneladas diarias de residuos de construcción y demolición.
“En Colombia están saliendo cerca de 22 millones de toneladas derivadas de estas actividades. En Medellín son más o menos 16.000 toneladas día. Todos estos materiales los estamos aprovechando, los estamos reciclando, los estamos volviendo a insertar en la industria de la construcción, con excelentes calidades y con precios mucho más bajos”, explicó John Maya Salazar, gerente general de EPM.
La iniciativa hace parte de un portafolio corporativo más amplio: 24 proyectos de economía circular, con inversiones cercanas a 730.000 millones de pesos, orientados a convertir residuos en nuevos productos, energía y materiales. Para el caso específico de RCD, EPM proyecta aprovechar cerca de 20.000 toneladas al año, una meta que busca pasar de pilotos aislados a una operación industrial con capacidad de reincorporar materiales a vías, urbanismo, redes y otras intervenciones civiles.
El tema tiene una dimensión global. El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente advirtió en su reporte 2025/2026 que edificios y construcción representan cerca del 37 % de las emisiones globales de CO₂ y casi el 50 % de la extracción mundial de materiales.
Mayainsistió en que el valor del modelo no está solo en reutilizar escombros, sino en reducir presión sobre rellenos, escombreras y extracción de materiales nuevos. “Tiene un componente muy importante desde el punto de vista ambiental: la disminución de ese CO₂ que generarían esos escombros y todo ese manejo de estas demoliciones. Y tiene una parte social también muy importante, porque todo lo que iba a relleno sanitario, lo que podía ir a esas escombreras, lo estamos recuperando y lo estamos volviendo a incorporar a ese circuito de la economía de la construcción”.
La apuesta de EPM no se limita a los residuos de construcción. Según el gerente, la economía circular también está entrando al manejo de materiales del sistema eléctrico y al aprovechamiento energético de residuos orgánicos. “Tenemos todo el manejo de los derivados del sistema eléctrico: cables, crucetas, cobre. Todo eso también lo estamos reciclando y lo volvemos a utilizar en núcleos de transformadores, nuevos cables de cobre, de acero y de aluminio, y crucetas para la postería. Eso nos generó el año pasado utilidades de más o menos 20.000 millones de pesos”, afirmó el gerente.
Otro frente está en las plantas de tratamiento de aguas residuales y en el relleno sanitario La Pradera. “En nuestras plantas de tratamiento tenemos el manejo de biomasa, biogás y biometano, que estamos inyectando a la red. En un tiempo de escasez de gas, eso nos ayuda a alimentar desde San Fernando unas 4.000 viviendas. Y para el próximo año, con el biogás y biometano derivado del relleno sanitario La Pradera, nos va a dar para alimentar unos 220.000 hogares, más o menos el 6 % de las necesidades que tiene EPM”, agregó.
Las experiencias internacionales muestran que este modelo necesita algo más que plantas de reciclaje. En Zúrich, Suiza, la compra pública fue decisiva: entre 2005 y 2018, en promedio, el 90 % del concreto usado en proyectos públicos incorporó agregados reciclados. En Londres, durante la construcción del Parque Olímpico de 2012, se reutilizó o recicló más del 98 % de los residuos de demolición y el 99 % de los residuos de construcción del parque. En Vancouver, la regulación de demolición verde permitió desviar cerca de 40.000 toneladas de residuos de rellenos e incineradores, con una tasa promedio de aprovechamiento del 86 % en viviendas anteriores a 1940.





