Hace algunos meses escribí aquí una columna que titulé: “A mí que me inviten a un charco”. Julián Posada, un gran amigo, me comentaba: “Pero que recojan las basuras” y fue así como emprendimos una conversación sobre la necesidad de hablar de civismo en el Oriente antioqueño. Somos una tierra hermosa; pero, a veces, muy cochina.
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Sé que la palabra suena burda y ofensiva para algunos ciudadanos que ejercen la titularidad de lo que significa habitar con civismo un territorio. Pero, también resulta lo suficientemente ilustrativa y clara para describir a quienes no lo hacen.
Se nos convirtió en paisaje pasar por esquinas llenas de basura. Hace seis años adopté una perrita cachorra que se entró a mi casa en pleno Viernes Santo y, cuando la llevé al veterinario, la médica me dijo:
“Si no fuera por la basura que se mantiene en las esquinas, estaría muerta. Pero, está llena de parásitos”. La ambigüedad de la vida.
Hay quienes sacan la basura a destiempo. Los he visto en las noches hacerlo con disimulo. También están los que ponen la basura en cualquier esquina, eso sí, lejos de sus casas y sin pensar en el hábitat de los otros. Están los que tiran la basura en lugares identificados como baldíos y los que no tienen reparo con montarla a un carro o a una moto para llevarla hasta una vereda lejana.
¿Han visto que hay zonas rurales donde abundan los sanitarios perdidos entre un árbol y alguna planta silvestre?
Estos mismos comportamientos de orden barrial y urbano se transportan a algunos territorios rurales. Los casos más complejos los he visto en las veredas más gentrificadas, a donde ha llegado más gente de la ciudad a vivir. “A ellos no les duele, a ellos no les importa”, les he escuchado decir a muchos campesinos que por años han hecho compostaje, reciclado y hasta inventado pesebres y estructuras con plástico. Y ni hablemos de los visitantes esporádicos… Sí, muy lindo el charco, pero queda lleno de basura que tardará años en desaparecer, algo similar ocurre con las caminatas a bosques y miradores.
He abordado a personas para preguntarles por qué tiran la basura en cualquier parte y me han dicho: “Recogerla es una responsabilidad de la administración y no mía”. Y no, señores, la responsabilidad es de todos. La de la empresa de saneamiento es recogerla, pero la nuestra es disponerla bien y sacarla los días precisos.
Hay soluciones posibles. El compostaje es una de ellas y se puede distribuir como abono en la comunidad. Tengo un vecino que todo su jardín, por demás hermoso, está sembrado en tanques de inodoros viejos; también está la formalización de los recicladores (es un trabajo honesto y fundamental) y hay casos más elaborados como los modelos integrales y la economía circular. Eso sí, implica que nos juntemos. Más colectivo y menos partícular.
En un viaje a Escocia, mientras pasaba de una isla a otra, leí en el ferri un anuncio que decía: “Es una ofensa arrojar basuras al mar”. Podemos adaptarla a nuestro contexto.
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