Según el francés Paul Valéry, conocido como el autor de la “poesía pura”, la creación poética es un proceso artístico que permite expresar sentimientos y pensamientos a través del lenguaje del verso. En el caso de esta antioqueña, la poesía es “una expresión de lo que ocurre dentro de un alma femenina que intenta habitar conscientemente su destino”.
Es Diana Isabel Pizarro Cano, poeta y abogada, quien afirma en sus versos querer tentar el viento para adornarnos el alma, porque sus creaciones son una voz interior “con diferentes matices en la relación con lo sagrado, con el otro, como sujeto y objeto de todas las expresiones del amor”.
Esta poeta y abogada de Medellín, a quien una “suerte inesperada” la impulsó a iniciar su carrera de escritora, hace “versos para remover el alma”. Sus creaciones tienen un “uso consciente del metro y la rima”, porque ella quiere ser una poeta tradicional; sin embargo, precisa, son escritos en un constante diálogo con el verso libre.
Ojos de gata, Trashumante y Sombra y lucernario son los tres poemarios que, hasta ahora, ha publicado Diana Isabel.
“Un poeta ofrece su pecho al latir de su esperanza y con un verso en los labios celebra el hoy”, dice.
Su primer libro llegó de forma inesperada. Aunque siempre había escrito versos en sus tiempos libres, un día su jefe leyó por accidente uno de ellos, y fue esa misma persona quien la impulsó a emprender su carrera como escritora. Así, envió sus versos a una convocatoria del Festival de Poesía de Medellín, y recibió mención de honor en el Primer Concurso de Poesía Joven de la ciudad, en 2011. Desde entonces ha participado con su creación literaria en varios eventos del circuito poético de Colombia y el mundo, como el Concurso Nacional Este verso es un país que sueña de la Casa de Poesía Silva, en Bogotá, o el Encuentro Internacional de Mujeres poetas en el país de las nubes, en México. Recientemente, fue anunciado que uno de sus poemas hará parte de la publicación de Poetas antioqueños de Comfenalco, que será editado este año.
Diana Isabel, de origen campesino, recuerda que su relación con la poesía empezó a muy temprana edad. Ha sido una conversación creativa y constante impulsada por sus abuelos, a quienes ella les hacía declamaciones espontáneas desde sus nueve años.
De esa niña declamadora a la poeta que es hoy, ella afirma que no ha habido muchos cambios.
“Sigo explorando la relación entre la luz y la sombra. Haciendo un recorrido íntimo por la experiencia humana a partir de esta relación”, finaliza.





